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El argumento ético (o de la existencia de valores morales objetivos)

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En el clímax moral de Las aventuras de Huckleberry Finn, Huck recuerda las lecciones que recibió en la escuela dominical, acerca de lo que ocurre con personas que hacen lo que él había estado haciendo: ayudar a un esclavo a escapar de su amo. La gente que actúa así, se repite a sí mismo, termina irremediablemente en el infierno. Huck está genuinamente convencido de que ha cometido un grave pecado y, temiendo que su error lo condene a un castigo eterno a menos que se arrepienta y repare el daño causado, decide escribir una carta a la dueña del negro Jim, revelándole la forma en que pudiera recuperar a su esclavo. Pero, al recordar el cariño y la consideración que Jim le había mostrado durante su viaje, y cómo lo consideraba su único amigo, exclamó “¡Pues vale, iré al infierno!”.

“Eran ideas y palabras terribles, pero ya estaba hecho. Así lo dejé, y no volví a pensar más en lo de reformarme. Me lo quité todo de la cabeza y dije que volvería a ser malo, que era lo mío, porque así me habían criado, y que lo otro no me iba. Para empezar, iba a hacer lo necesario para sacar a Jim de la esclavitud, y, si se me ocurría algo peor, también lo haría, porque una vez metidos en ello, igual daba ocho que ochenta.”

Al meditar en todo el mal, toda la injusticia de la que somos testigos, mucha gente se convence de que, aun si Dios revelara ante ellos su existencia más allá de toda duda, le darían la espalda a quien, teniendo el poder para impedirlo, permite el sufrimiento de millones de personas inocentes en medio de guerras, catástrofes naturales, enfermedades y crímenes atroces.

Pero hemos de hacernos una pregunta fundamental antes de tomar esa decisión. ¿Se puede ser bueno sin Dios? A primera instancia la pregunta pudiera parecer tan obvia que el sólo hecho de enunciarla indignaría al crítico de cualquier fe teísta. Incluso los cristianos, que encontramos en Dios la motivación y el aliento que nos ayuda a conducir nuestras vidas con amor, seríamos arrogantes e ignorantes si negáramos que los incrédulos, ya sean agnósticos o ateos, pueden vivir de acuerdo con principios morales que, con frecuencia, resultan dignos de imitar. Huckleberry Finn creía actuar moralmente en contra de la voluntad de Dios al ayudar a su amigo a escapar de sus opresores. ¡Esto significaría que se puede ser bueno incluso en contra de Dios!

Sin embargo, la pregunta que debe hacernos reflexionar no es ¿se puede ser bueno sin creer en Dios? O ¿se puede ser bueno sin seguir a Dios? La pregunta es ¿se puede ser bueno sin Dios? Al hacer esta pregunta, inquirimos la naturaleza misma de los valores morales. ¿Son los valores que guían nuestras vidas meras convenciones sociales, como el saludar con la mano derecha en vez de la izquierda? ¿Son acaso expresiones de un gusto adquirido, como el que desarrollamos por ciertas comidas según la región geográfica en la que hemos crecido? ¿O son realmente válidos y vinculantes, independientes de nuestra opinión y de nuestro contexto histórico? Y, si son objetivos en este sentido, ¿cuál es su fundamento? Leer más

Reportan nueva evidencia de evolución biológica… ¿o de otra cosa?

Un artículo, publicado en la revista Science el pasado mes de noviembre, reporta nueva evidencia que afianzaría aún más la teoría de la evolución biológica. Pero con implicaciones distintas a las que Darwin anticipó en la década de 1830.

Un grupo de investigadores de las universidades de Princeton y Uppsala han estado siguiendo la pista de una nueva especie de pinzones en las islas Galápagos. Esto resulta fascinante porque, además de contribuir a nuestro entendimiento de la naturaleza, el estudio de los pinzones en las islas Galápagos fue precisamente uno de los elementos clave en la formulación de la teoría evolutiva fundamentada en la selección natural. Leer más

Qué dice (y qué no dice) la teoría de la evolución

Aunque la verdad no se decide por democracia, es innegable que la teoría de la evolución biológica es aceptada de manera casi unánime dentro de la comunidad científica, y que los científicos, debido a su formación académica y experiencia en investigación, están mejor preparados que el hombre común para emitir el tipo de juicios relevantes para la aceptación o el rechazo de una teoría científica. Por esta razón, muchos líderes espirituales de diferentes religiones, incluyendo cristianos, judíos y musulmanes, han tratado de armonizar las doctrinas de la creación y de la providencia divina con la teoría de la evolución. El enfoque moderno supone que la ciencia y la religión no se superponen ni interfieren una con otra, sino que la una explica el cómo y la otra el por qué.

Sin embargo, la ciencia (en particular la teoría evolutiva) y la religión parecen afirmar cosas que no pueden ser ciertas al mismo tiempo.

¿Qué queremos decir con “evolución”?

El biólogo evolucionista Francisco Ayala (2007) explica que el término “evolución” puede significar al menos tres cosas diferentes.

  1. El hecho, evidente a simple vista, de que los hijos no son simplemente una copia de los padres. Cuando un científico afirma que la evolución es un hecho científico incontrovertible, no puede referirse a otra cosa que esta interpretación fundamental de “evolución”.  Cualquier persona, cristiana o no, puede verificar que todos tenemos muchas características heredadas de nuestros padres, pero física y conductualmente también tenemos algo distinto y único en nosotros.
  2. El conjunto de mecanismos con que se ha intentado explicar el hecho de que los hijos no son simplemente una copia de los padres. Aunque los mecanismos evolutivos propuestos hasta ahora, selección natural y descendencia con modificación, están bien establecidos en la teoría evolutiva, hay mucho desacuerdo respecto a su alcance y poder explicativo.
  3. La proyección del árbol de la vida con un ancestro común a todas las especies. Una consecuencia de llevar la noción de evolución biológica hasta el límite de sus posibilidades es la hipótesis de que todos los seres vivos proceden de una población original de seres vivos irreduciblemente simples.

La interpretación más fundamental de la “evolución”, además de ser evidente a simple vista, no presenta problemas teológicos, así que procederé a discutir las dos siguientes.

Mecanismos evolutivos

Según la mayoría de los científicos, cuando el ADN del hijo se genera a partir del ADN de los padres ocurren algunos “errores de copiado” de la información genética. El resultado es que el descendiente presenta mutaciones, es decir pequeñas variaciones físicas y conductuales con respecto a los padres. Este fenómeno es conocido como descendencia con modificación. Y, en este sentido, todos somos mutantes. Todos poseemos características que nos distinguen de cualquier otro miembro de nuestra especie. Todos aportamos algo previamente inexistente al acervo genotípico de la población de la que somos parte.

Claro que estas mutaciones son muy pequeñas y, generalmente, neutras. Es decir que nuestras diferencias no suelen afectar en nada nuestro ciclo vital. Por ejemplo, un tono de cabello más claro, o más lunares, no modifican significativamente nuestras posibilidades de supervivencia, apareamiento y reproducción. Pero, ocasionalmente, una mutación puede dar al hijo una ventaja o una desventaja biológica o social. Por ejemplo, es posible que su voz sea particularmente apreciada por el sexo opuesto y esto le permita más oportunidades de apareamiento, o que su velocidad le ayude a escapar de situaciones potencialmente peligrosas.

Cuando la mutación es ventajosa, el hijo maduro tenderá a reproducirse sexualmente con mucho éxito, transmitiendo la nueva información de su ADN a las futuras generaciones. Cuando la mutación es desventajosa, el hijo tendrá dificultades para reproducirse, ya sea porque es rechazado o porque no sobrevive lo suficiente para encontrar pareja.

Con el tiempo, la selección natural actuará de manera que la acumulación de mutaciones ventajosas en generaciones sucesivas permitirá a ejemplares con ciertas características dominar su especie, hasta que en esa especie desaparezcan quienes no poseen dichas características. Por otra parte, la combinación de mutaciones favorables con mutaciones neutrales producirá variedad fenotípica en la especie. En otras palabras, la descendencia con modificación abre la puerta a variaciones dentro de una especie, y la selección natural “determina” cuáles variaciones sobreviven y cuáles no.

Debido a que las mutaciones ocurren aleatoriamente, sin importar que éstas sean benéficas o perjudiciales para el nuevo individuo, y que la selección natural opera en favor de los individuos mejor adaptados a su medio, es posible que poblaciones de la misma especie viviendo en ecosistemas diferentes se desarrollen en caminos evolutivos diferentes. Esto es lo que da origen a diferentes razas: poblaciones de una misma especie que exhiben rasgos étnicos distintivos según el ambiente al que están adaptados.

El ancestro común

Aunque ambos mecanismos evolutivos están bien establecidos en la teoría evolutiva, hay mucho desacuerdo respecto a su alcance y poder explicativo. Respecto a ellos, la comunidad científica se divide esencialmente en dos grupos.

Hay quienes piensan que la selección natural y la descendencia con modificación son suficientes para explicar la microevolución de una especie, es decir la forma en que una especie cambia al adaptarse evolutivamente al medio ambiente en que se encuentra, pero sin dar paso a nuevas especies. Por ejemplo, aunque hay muchas variedades (razas) de perros o de hombres, los perros no han dejado de ser perros para convertirse en otra cosa, y todos los hombres y mujeres, sin importar sus rasgos étnicos, siguen siendo capaces de reproducirse entre sí y procrear nuevos organismos perfectamente funcionales y con características comunes a los padres. Sus diferencias acumuladas no son de tal magnitud que debamos hablar de especies biológicas distintas.

Por otro lado, hay quienes piensan que la selección natural y la descendencia con modificación explican la macroevolución además de la microevolución. La idea es que después de algunos cientos de miles de generaciones, las mutaciones acumuladas han producido tales cambios en una población, la descripción de los nuevos organismos es tan distinta de la de sus ancestros, que es necesario reconocer que pertenecen a diferentes especies. Si una población se separa geográficamente en varios grupos, al cabo de millones de años habrán tomado caminos evolutivos tan diferentes que no podrán reconocerse como iguales y no podrán reproducirse entre sí.

Bajo esta noción de que una especie puede ramificarse en otras, muchos evolucionistas (aunque no todos) conjeturan que, retrocediendo en la historia evolutiva, es posible que todas las especies biológicas tengan su origen en un ancestro común, una especie biológica primigenia de la cual todos somos descendientes.

Actualmente, muchas denominaciones cristianas admiten la posibilidad de microevolución en una especie, pero no siempre es aceptada la macroevolución. Al menos no como el medio que Dios hubiera elegido para perfeccionar sus criaturas, debido principalmente al papel que la muerte y el azar desempeñarían en este plan.

¿Sólo una teoría?

Con frecuencia se cometen dos injusticias con la teoría evolutiva. La primera es demeritarla por no ser capaz de explicar el origen de la vida, pero esto sería equivalente a rechazar la mecánica Newtoniana por no ser capaz de explicar la difracción de la luz. La teoría de la evolución es un intento de explicar la diversidad biológica partiendo del hecho de que ya hay organismos vivos. Nunca ha pretendido ser una explicación del origen de la vida, como lo es, por ejemplo, la abiogénesis, y por lo tanto no está necesariamente en conflicto con el creacionismo bíblico.

El conflicto que existe entre la teoría de la evolución y la Biblia emerge de la concepción de Dios como la Vida y de la interpretación de la ciencia como representación de la realidad tal cual es (en vez de la producción y el uso de modelos prácticos que nos permitan hacer predicciones hacia el futuro).

Otro error común es rechazar la teoría de la evolución porque “se trata sólo de una teoría”. Una teoría científica no es una especulación sin fundamentos, elegida despreocupadamente durante una lluvia de ideas, sino un edificio conceptual cuidadosamente construido con el propósito de modelar nuestra realidad y explicar coherente y consistentemente los fenómenos que observamos. La teoría electromagnética y la teoría cinética molecular son también teorías científicas, bien establecidas y sumamente confiables.

La teoría evolutiva es realmente la mejor teoría científica concebida hasta ahora para explicar la diversidad biológica en nuestro planeta, con notables implicaciones en otras disciplinas, como la psicología, la epistemología y la antropología. Honestamente, el principal motivo para desconfiar de ella radica en consideraciones teológicas, aunque en las últimas décadas han surgido cuestionamientos interesantes también en el ámbito científico.

Una objeción a la teoría de la evolución

Una de las principales objeciones consiste en lo que Michael Behe (2006)  ha llamado complejidad irreducible. Esto es, que muchos sistemas biológicos son demasiado complejos, y compuestos de varias partes que interactúan en conjunto para contribuir a su función básica, de manera que la remoción de una parte cualquiera causaría la ineficacia de todo el mecanismo. Así, sería imposible desarrollar un organismo irreduciblemente complejo a partir de otro más simple, pues biológicamente o funciona al menos tal como es o no funciona en absoluto.

Esta propuesta de Michael Behe ha permitido a la comunidad de científicos reconsiderar la viabilidad de los mecanismos evolutivos como medios suficientes para explicar la diversidad biológica a partir de un ancestro común, y, en particular, ha animado a una nueva generación de científicos cristianos a buscar explicaciones científicas consistentes con la narrativa de Génesis 1, bajo el título de diseño inteligente.

Si deseas conocer más sobre este tema, el apologista William Craig y el evolucionista católico Francisco Ayala protagonizaron el debate Is intelligent design viable? La liga conduce a una transcripción del debate, pero también es posible encontrar en Youtube grabaciones en vivo del evento.

Referencias

Ayala, F. (2007). Darwin’s gift to science and religion. Washington, DC: Joseph Henry Press.

Behe, M. J. (2006). Darwin’s black box: The biochemical challenge to evolution. Nueva York: Free Press.

Craig, W. L. (2009). Is intelligent design viable? – William Lane Craig vs. Francisco Ayala. Recuperado de: http://www.reasonablefaith.org/is-intelligent-design-viable-the-craig-ayala-debate

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). Qué dice (y qué no dice) la teoría de la evolución. Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/teoria-de-la-evolucion