Inicio » Ética

Etiqueta: Ética

El argumento ético (o de la existencia de valores morales objetivos)

A post shared by Torcacita (@torcacita73) on

En el clímax moral de Las aventuras de Huckleberry Finn, Huck recuerda las lecciones que recibió en la escuela dominical, acerca de lo que ocurre con personas que hacen lo que él había estado haciendo: ayudar a un esclavo a escapar de su amo. La gente que actúa así, se repite a sí mismo, termina irremediablemente en el infierno. Huck está genuinamente convencido de que ha cometido un grave pecado y, temiendo que su error lo condene a un castigo eterno a menos que se arrepienta y repare el daño causado, decide escribir una carta a la dueña del negro Jim, revelándole la forma en que pudiera recuperar a su esclavo. Pero, al recordar el cariño y la consideración que Jim le había mostrado durante su viaje, y cómo lo consideraba su único amigo, exclamó “¡Pues vale, iré al infierno!”.

“Eran ideas y palabras terribles, pero ya estaba hecho. Así lo dejé, y no volví a pensar más en lo de reformarme. Me lo quité todo de la cabeza y dije que volvería a ser malo, que era lo mío, porque así me habían criado, y que lo otro no me iba. Para empezar, iba a hacer lo necesario para sacar a Jim de la esclavitud, y, si se me ocurría algo peor, también lo haría, porque una vez metidos en ello, igual daba ocho que ochenta.”

Al meditar en todo el mal, toda la injusticia de la que somos testigos, mucha gente se convence de que, aun si Dios revelara ante ellos su existencia más allá de toda duda, le darían la espalda a quien, teniendo el poder para impedirlo, permite el sufrimiento de millones de personas inocentes en medio de guerras, catástrofes naturales, enfermedades y crímenes atroces.

Pero hemos de hacernos una pregunta fundamental antes de tomar esa decisión. ¿Se puede ser bueno sin Dios? A primera instancia la pregunta pudiera parecer tan obvia que el sólo hecho de enunciarla indignaría al crítico de cualquier fe teísta. Incluso los cristianos, que encontramos en Dios la motivación y el aliento que nos ayuda a conducir nuestras vidas con amor, seríamos arrogantes e ignorantes si negáramos que los incrédulos, ya sean agnósticos o ateos, pueden vivir de acuerdo con principios morales que, con frecuencia, resultan dignos de imitar. Huckleberry Finn creía actuar moralmente en contra de la voluntad de Dios al ayudar a su amigo a escapar de sus opresores. ¡Esto significaría que se puede ser bueno incluso en contra de Dios!

Sin embargo, la pregunta que debe hacernos reflexionar no es ¿se puede ser bueno sin creer en Dios? O ¿se puede ser bueno sin seguir a Dios? La pregunta es ¿se puede ser bueno sin Dios? Al hacer esta pregunta, inquirimos la naturaleza misma de los valores morales. ¿Son los valores que guían nuestras vidas meras convenciones sociales, como el saludar con la mano derecha en vez de la izquierda? ¿Son acaso expresiones de un gusto adquirido, como el que desarrollamos por ciertas comidas según la región geográfica en la que hemos crecido? ¿O son realmente válidos y vinculantes, independientes de nuestra opinión y de nuestro contexto histórico? Y, si son objetivos en este sentido, ¿cuál es su fundamento? Leer más

Toda la limonada que puedas beber (o el juego de la tolerancia)

¿Con qué compararé el juego de la tolerancia?

Imagina a Daniel el travieso parado en la banqueta frente a su casa, con su pequeño negocio de limonada y un letrero que dice “toda la limonada que pueda beber por 5 centavos”. Su vecino, el señor Wilson, se entera de la promoción y decide apoyar al pequeño emprendedor.

“Sírveme un vaso, Daniel. Aquí tienes 5 centavos”, le dice, mientras saca una moneda. Daniel sirve el pequeño vaso, y el señor Wilson bebe el contenido en un par de tragos. “Sabrosa limonada, Daniel. ¿La hiciste tú mismo?”, “Sí, señor, aunque mi mamá me ayudó”.

El señor Wilson levanta el vaso vacío frente a Daniel, pero como éste no entiende la indirecta, se lo aclara.
-Daniel, ¿me sirves otro vaso?
-Claro, señor. Son 5 centavos.
-¡Pero allí dice “toda la limonada que pueda beber por 5 centavos”!
-Sí, señor. Es mi negocio, y un vaso es toda la limonada que puede beber por 5 centavos.

El juego de la tolerancia

Muchas cuestiones en nuestra sociedad moderna son como el negocio de Daniel el travieso. Los escépticos quieren hacernos creer que no hay verdades absolutas, excepto esa verdad de que no hay verdades absolutas. La personas críticas nos aseguran que todas las generalizaciones son malas, con excepción de esa generalidad. La gente de mente abierta proclama la tolerancia, excepto para quienes no están de acuerdo con el juego de la tolerancia.

Y así, pretendiendo monopolizar injustificadamente los valores morales, la sociedad moderna quiere sostener un sistema ético insostenible. El cristiano es señalado como intolerante porque cree tener la razón y trata de convencer a otros de que piensen como él. ¿Y acaso quien lo acusa no cree tener él la razón, y trata de convencer al cristiano de que cambie su forma de pensar? Incluso si responde “no quiero cambiar tu forma de pensar, en tanto no trates de imponer tus creencias sobre mí”, ¿no está tratando de imponerle su creencia, ésa de que lo correcto es no imponer las propias creencias sobre otros?

He aquí la propuesta del Cristianismo ante tal absurdo: Sí hay algunas verdades absolutas, algunas generalizaciones son buenas y hay cosas que no deben tolerarse.

¿Es el mismo Dios en el Antiguo Testamento y en el Nuevo?

Las enseñanzas que deja cada historia son tan distintas que uno llega a dudarlo. El Dios estricto del AT es implacable. Castiga cualquier ofensa a su nombre o a sus elegidos con la muerte, y nos enseña que debemos retribuir a cada quien según sus obras: ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. El Dios amante del NT extiende su misericordia hacia todos para rescatarlos de la muerte. Nos enseña a no juzgar, a poner siempre la otra mejilla, a perdonar cualquier ofensa, a amar incluso a nuestros enemigos, y a entregarnos por el prójimo así como su hijo se entregó por nosotros. ¿Podrían dos seres exhibir un carácter más distinto?

Si Dios es un ser perfecto no hay nada que pueda cambiar para ser mejor, y, si algo cambiara en él, lo haría siempre para mal. Si Dios llegara a cambiar de opinión sobre algo, entonces podemos estar seguros que, o antes de ese cambio Dios no era perfecto, o Dios dejó de ser perfecto a partir de ese cambio. Incluso es posible que Dios no hubiera sido perfecto ni antes ni después. Lo que no parece posible es pensar que Dios haya cambiado de opinión y, sin embargo, sea invariablemente perfecto.

¿Cómo explicar, entonces, las diferencias entre el carácter de Dios como se muestra en el AT y en el NT? El Dios del AT es duro e inconmovible. El Dios del NT es tierno y compasivo. La diferencia es ejemplar en la instrucción que el Dios del AT deja a su pueblo de apedrear a las mujeres adúlteras, en comparación con el Dios del NT que defiende a la mujer adúltera de sus acusadores y perdona sus pecados. Si lo correcto era perdonar, no debió ordenar la lapidación en primer lugar.

Es cierto que los autores bíblicos no difieren en su descripción de Dios, pero sus juicios llegan a ser diametralmente opuestos. ¿Cómo puede un Dios perfecto ser tan inconsistente?

La perfección de Dios

Jesús nos deja una clave cuando enseña que Moisés instruyó muchas cosas, por instrucción de Dios, a pesar de que esto no reflejaba la voluntad perfecta de Dios, sino debido a la dureza de corazón de los hombres (Mateo 19:8), que, de otra manera, se hubieran rebelado.

Por supuesto, si Dios es perfecto, no puede cambiar para bien, pues no hay forma de mejorar lo perfecto; y tampoco puede cambiar para mal, pues seguramente aquello que es perfecto es capaz de prevenir cualquier variación perjudicial de su propia naturaleza. Pero es posible que algo cambie de manera neutral con respecto a su valor. Por ejemplo, a las 3 de la tarde de México Dios piensa, correctamente, que son las 3:00 p.m. en México. Pero un minuto más tarde Dios ha dejado de creer que son las 3:00 p.m., y ahora cree que son las 3:01 p.m.

En este sentido, el estado del conocimiento de Dios cambia constantemente, pero no es para bien ni para mal. Dios es tan perfecto al creer que son las 3:00 p.m. cuando son las 3 en punto de la tarde, como lo es al creer que son las 3:01 p.m. cuando pasa un minuto de las 3 de la tarde. Asimismo, Dios estaría equivocado si en este momento creyera que Enrique VIII es rey de Inglaterra, aunque estaba en lo cierto cuando lo creía hace quinientos años; y está en lo cierto el día de hoy si cree que Enrique VIII fue rey de Inglaterra. Es necesario que la conciencia de Dios permita variaciones en el tiempo si ha de conservar su omnisciencia de un mundo cambiante.

Cuando la Biblia afirma que Dios no cambia, se refiere más bien a la inmutabilidad de su voluntad y su carácter (Malaquías 3:6; Santiago 1:17), y de su fidelidad y su propósito para nosotros (Salmos 119:89-90; Hebreos 6:17-18). Naturalmente, puesto que nosotros cambiamos y también las condiciones en que nos encontramos, la voluntad de Dios puede expresarse de distintas maneras. Habrá otros medios que permitan alcanzar su propósito, lo que nos lleva a percibir otros rasgos de su carácter y otras consecuencias de su fidelidad.

Dios en el Antiguo Testamento y en el Nuevo

Dicho esto, es falso que el Dios del AT sea un juez inmisericorde, distinto del Dios amoroso que pasa por alto nuestras faltas. La misericordia de Dios se muestra en el AT en las palabras dichas a Ezequiel: ¿Acaso quiero yo la muerte del impío? ¿No vivirá, si se aparta de sus malos caminos? Yo no quiero la muerte del que muere. ¡Convertíos, pues, y viviréis! (Ezequiel 18:23, 32). Y el diálogo con Jonás es igualmente revelador: ¿No tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda? (Jonás 4:11).

En el NT, la justicia implacable del Dios amoroso se revela en la pasión de Jesús. El castigo debido a nuestros pecados fue ejecutado plenamente en el cuerpo de Jesús, de manera que el hombre tuviera una esperanza sin que el pecado quedara impune. Pero el sacrificio expiatorio no beneficia a quien persiste en su hipocresía, y esto queda bastante claro en el castigo ejemplar que reciben Ananías y Safira (Hechos 5:1-11).

Un breve estudio de caso: La mujer adúltera

Pero un caso de interés especial es el del juicio que Dios delega en el pueblo de Israel y el perdón que Jesús enseña durante su ministerio. Cuando recordamos la historia de la mujer adúltera debemos notar dos cosas. En primer lugar, ambos, la mujer y el hombre adúlteros, debían recibir la misma condena, pero el pueblo trajo únicamente a la mujer delante de Jesús. Esa era una razón importante para anular el juicio, pues de acuerdo con la ley de Moisés, el juicio debe llevarse a cabo con total imparcialidad y suspenderse en caso de inhabilidad por parte de los jueces para garantizar esa condición (Deuteronomio 1:17).

En segundo lugar, en los tiempos de Moisés, el pueblo de Israel tenía el privilegio de ejecutar el juicio de Dios debido a que, habiendo dado oído a la voz de Dios y guardando el pacto (Éxodo 19:5), era tenido por Dios como “un reino de sacerdotes y gente santa” (Deuteronomio 19:6). Por medio de su purificación a través del desierto y del arrepentimiento constante por cada falta que cometían, los israelitas eran testigos de Dios por dondequiera que andaban, y para preservar su estado seguían reglas estrictas con penas severas que ellos mismos podían sancionar. El pueblo debía aprender a mantenerse puro y sin mancha.

Cuando Jesús pregunta quién de los acusadores está sin pecado para arrojar la primera piedra, lo que hace es recordarles que ya no son un pueblo santo, puro y perfecto, y que su autoridad para juzgar y ejecutar condenas ha sido derogada. Si se dispusieran a eliminar el pecado de su gente, todos tendrían que morir. Y debido a esto Jesús perdona a la mujer adúltera. Teniendo la intención de salvar muchas almas, Jesús no podía iniciar el juicio contra una sola mujer sin terminar condenando al pueblo entero. En aquella ocasión Jesús mostró compasión por la mujer y por todo su pueblo. A fin de cuentas, el castigo por los pecados de la mujer adúltera y de sus acusadores los llevaría igualmente sobre sí mismo en la cruz.

No es verdad, por lo tanto, que el Dios del AT sea más severo o que el Dios del NT sea más complaciente. Dios es perfecta justicia y perfecta misericordia. Tal era el mensaje de Jesús, quien no veía contradicción alguna entre las enseñanzas de Moisés y los profetas y sus propias enseñanzas, basadas en el amor a Dios sobre todas las cosas y el amor al prójimo como a uno mismo.

Referencias

Got Questions Ministries. ¿Por qué Dios en el Antiguo Testamento es tan diferente al que es en el Nuevo Testamento? Recuperado de: https://www.gotquestions.org/espanol/dios-diferente.html

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). ¿Es el mismo Dios en el Antiguo Testamento y en el Nuevo? Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/dios-en-el-antiguo-testamento-y-en-el-nuevo