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El argumento cosmológico kalam (o de la contingencia del universo)

En su edición del 8 de abril de 1966, la revista norteamericana Time lució una portada que sacudió al mundo. Por primera vez en la historia de la revista, su portada no mostraba la fotografía de un líder político o artista, ni imágenes de ningún otro tipo, sino únicamente tres palabras: ¿Está muerto Dios? En su artículo principal, la publicación abordaba el papel cada vez menor que el concepto de Dios juega en una sociedad cada vez más secular, mientras describía los problemas teológicos modernos y la suficiencia de la ciencia para explicar el mundo natural y nuestras experiencias diarias.

Pero apenas tres años después los editores reconocieron cuán prematura había resultado esa conclusión. Una nueva portada anunciaba una nueva edición con una idea diametralmente opuesta: ¿Está Dios volviendo a la vida?

Time reconocía ahora el creciente interés en la intersección de la filosofía, la ciencia y la teología. En numerosas y prestigiadas revistas académicas de la talla de Nature, el British Journal for the Philosophy of Science y Astrophysics and Space Science, se inició un diálogo acerca de temas filosóficos desde la evidencia científica más reciente con implicaciones teológicas.

Ésta era, de hecho, la continuación de un diálogo de gran tradición histórica. Una impresionante constelación de notables pensadores, como Al- Ghazali, Avicenna, Tomás de Aquino, Gottfried Leibniz y René Descartes, entre muchos otros, han defendido la necesidad de Dios para entender una diversidad de fenómenos, incluyendo la existencia misma del universo. Cualquiera puede, como ellos, hacerse la pregunta más trascendental de todas: ¿por qué existe el universo en vez de nada? Leer más

¿Quién creó a Dios?

Quizá te has preguntado alguna vez por qué existimos. Y no sólo nosotros, sino por qué existe cualquier cosa. No parece absurdo suponer que, si mi existencia no es necesaria, ni la de mi casa, ni la de mi perro, ni la del árbol que está en el parque, ni la de este planeta, ni la de toda la galaxia… entonces era bien posible que no hubiese existido nunca nada. Al fin y al cabo, todo está hecho de átomos, y ningún átomo parece tener nada de especial. Bien, si te has puesto a pensar alguna vez sobre esto, ¡felicidades! Tienes algo en común con Gottfried Leibniz, uno de los grandes pensadores de la humanidad.

Leibniz, famoso por haber desarrollado el cálculo infinitesimal al mismo tiempo, pero de manera independiente, que Isaac Newton, se preguntaba por qué existe algo en vez de nada, y concluyó que todo lo que existe lo hace o por contingencia o por aseidad; es decir, o por consecuencia de una causa externa o por necesidad de su propia naturaleza.

¿Por qué existen las cosas?

La mayoría de los seres tenemos una causa de nuestra existencia, y ésta puede ser:

  • Una causa material (un objeto es una combinación o modificación de sustancias previamente existentes, como la mesa se compone de madera).
  • Una causa eficiente (un objeto es el producto final de una secuencia de eventos durante un proceso, como la mesa es el trabajo de un carpintero) .
  • Una causa formal (un objeto es definido por la función que cumple, como la mesa es cualquier tabla de piedra o madera que se usa para comer sobre ella).

De hecho, todos los objetos de la realidad pudieran ser explicados por al menos una de estos tres tipos de causa, con excepción de Dios.

Pero, ¿cómo es eso? Si Dios creó el universo, ¿quién creó a Dios? ¿Cómo llegó a ser quien es? ¿Cuál es la causa de su existencia?

Dios: el creador no creado

Dios no puede tener una causa que sea externa a él, pues, si así fuera, entonces él dependería de lo que sea que lo haya causado, y esto, además de ser absurdo (pues Dios tendría que haber creado aquello que, a su vez, lo creó a él), sería incompatible con el concepto de Dios como máximo ser concebible. Entonces, la explicación de Dios debe ser interna, es decir que Dios existe por necesidad de su propia naturaleza. Si Dios existe, entonces Dios es metafísicamente necesario. El argumento ontológico parte precisamente de esta idea para probar que, si es posible que el máximo ser concebible exista, entonces necesariamente el máximo ser concebible existe.

Piensa, por ejemplo, en un triángulo. Un triángulo es una figura bidimensional cuya frontera geométrica consiste en tres segmentos de recta que coinciden, de dos en dos, en tres vértices. Al mirar a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que los triángulos, así definidos, no pueden existir como objetos concretos en la realidad. Salvo en nuestra imaginación, no hay figuras que sean absolutamente bidimensionales, o líneas que sean perfectamente rectas. Pero reconocemos que, si en alguna parte existiera un triángulo, éste sería absolutamente bidimensional y sus lados serían perfectamente rectos. Esto es así porque ésa es la naturaleza del triángulo.

De manera análoga, la naturaleza de Dios como máximo ser concebible implica su existencia independiente de toda otra cosa. Entonces, si Dios existe, su existencia es necesaria según su propia naturaleza. Si hubiera sido creado o tuviera una causa externa a él, si su posición como Dios fuera consecuencia de eventos anteriores, o si su esencia fuera la composición de sustancias previas, entonces no sería realmente Dios. A este atributo de Dios (según el cual Dios existiría aun si no hubiera universo ni personas, ni espacio, ni tiempo, ni materia, ni energía) se le conoce como aseidad. Así como un triángulo no podría no tener tres lados, Dios no podría no existir.

Aunque la idea parece antinatural, históricamente muchos pensadores han creído que otros objetos poseen el atributo de aseidad. Por ejemplo, Platón creía que los objetos abstractos, como los números y las figuras geométricas, existen de manera independiente a toda otra realidad, y que simplemente están allí, en su mundo de las ideas, desde la eternidad hasta la eternidad y sin ninguna razón. Carl Sagan declaró que “el cosmos es todo lo que hay, todo lo que hubo y todo lo que alguna vez habrá” (en Andorfer y McCain, 1980). Los cristianos rechazamos esta postura, y creemos sólo Dios posee aseidad, que él es el único creador no creado, el artífice de todos los artefactos.

Referencias

Andorfer, G., y McCain, R. (Productores), Malone, A. (Director). (1980). Cosmos – Episodio 1: En la orilla del océano cósmico [Documental]. Estados Unidos: Public Broadcasting Service.

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). ¿Quién creó a Dios? Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/por-que-existe-dios/