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El argumento histórico (o de la resurrección de Jesús de Nazaret)

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El Cristianismo tiene su fundamento en la resurrección física de Jesús de Nazaret, un judío de Palestina en el siglo I, quien aseguraba ser Dios. De hecho, los testigos oculares de la época atribuyen a Jesús una diversidad de actos milagrosos además de un conjunto de lecciones morales que, en buena medida, han dado forma a la ética del mundo occidental. Pero si algo en especial resalta de su biografía, es que predijo su muerte y su resurrección al tercer día.

En vista de que el Cristianismo vive o muere con la historicidad de la resurrección, analicemos la evidencia histórica disponible.

Ésta es una referencia rápida al argumento de la historicidad de Jesús de Nazaret.

Estructura del argumento histórico

  1. Si Jesús resucitó, entonces Jesús es Dios.
  2. Jesús resucitó.
  3. Jesús es Dios.

1. Si Jesús resucitó, entonces Jesús es Dios

Una persona racional busca que su sistema de creencias sea consistente con los hechos que observa a su alrededor y consistente al interior del sistema. Es decir, una persona racional cree en aquello que le ayuda a explicar su mundo y a predecir eventos futuros; además, una persona racional procura no sostener dos o más creencias que son contradictorias entre sí.

Si es posible probar la historicidad de su resurrección no parece que haya forma de evitar la conclusión de que Jesús realmente es quien dijo ser, y resulta que lo que dijo de sí mismo dijo es que es Dios. La resurrección de Jesús tendría un significado religio-histórico especial porque no se trata de una persona arbitraria la que se levantó de entre los muertos un día cualquiera, sino un hombre que era seguido por criminales que cambiaban su estilo de vida al oírle hablar y por una multitud que afirmaba haberle visto realizar actos sobrenaturales, y que era perseguido por la blasfemia de haberse comparado con Dios, y que predijo las circunstancias de su muerte y el día de su resurrección. Es la vida, acciones y palabras de Jesús las que proveen al evento de la resurrección un significado teológico más allá de lo inusual de su ocurrencia.

Si Jesús no resucitó, vana es la fe de los cristianos (1 Corintios 15:14); pero si Jesús resucitó entonces todos tenemos que considerar muy seriamente la posibilidad de que el Dios del Cristianismo existe.

2. Jesús resucitó

Hay cinco hechos aceptados por la mayoría de los historiadores especializados en Palestina del siglo I (Craig, 2010; McDowell, 1982; Strobel, 1998).

  1. Jesús de Nazaret fue un personaje histórico, judío, condenado a muerte por crucifixión bajo el cargo de blasfemia según acusaciones del concilio conocido como Sanedrín.
    Este es un hecho que virtualmente todos los historiadores aceptan salvo los más radicales. Su vida es narrada en cuatro biografías atribuidas tradicionalmente a sus apóstoles Mateo y Juan, a Marcos, quien fue acompañante del apóstol Pedro, y a Lucas, un médico e historiador que fue discípulo de Pablo. Jesús de Nazaret también es mencionado en las cartas apostólicas de Pablo, Pedro, Santiago, Judas, Juan y el autor de Hebreos, y en textos extrabíblicos de la antigüedad como Antigüedades judías de Josefo, Anales de Tácito, Las vidas de los doce césares de Suetonio, entre otros.
  2. Después de su crucifixión, Jesús fue sepultado por José de Arimatea, un miembro del mismo concilio que pronunció la sentencia.
    Este hecho es importante porque significa que todos en Jerusalén conocían el lugar preciso en el que Jesús había sido sepultado, y quienes no lo conocían podían simplemente haber preguntado a las autoridades judías.El relato hecho por los apóstoles es creíble porque, si los discípulos hubieran inventado los detalles relacionados con la sepultura de su maestro, habrían dicho que fue Pedro, o Juan, o alguno de los amigos cercanos de Jesús quienes honraron de esa manera su cuerpo. En cambio, al admitir que quien hizo lo correcto fue uno de los miembros del mismo concilio que ordenó la humillación pública de Jesús y su ejecución, admitían también que ellos, los discípulos, habían huido hacia las cuevas, decepcionados de que Jesús no se librara de sus enemigos, temerosos de ser capturados igualmente, y con la fe quebrantada.
  3. En la mañana del domingo posterior a la muerte de Jesús, un grupo de mujeres encontró la tumba de Jesús vacía.
    Este evento, como lo relatan los apóstoles, tiene una importancia especial porque, en la antigüedad, el testimonio de una mujer no tenía mucho peso. Si los discípulos hubieran inventado la historia de la tumba vacía, habrían conseguido un hombre como su principal testigo, no una mujer. Es verdad que la historia era increíble sin importar quien la reportara, pero si su intención hubiera sido la de convencer a la gente a como diera lugar, tenían más probabilidad de éxito nombrando a alguno de los apóstoles con mayor aprobación del público. Al presentar a las mujeres como sus principales testigos, los apóstoles simplemente relataban los sucesos tal y como ellos los conocían.
  4. Grupos diferentes de personas aseguraron haber visto con vida a Jesús, días después de su muerte.
    No fue sólo una, sino muchas personas las que aseguraron haber visto a Jesús resucitado. No fueron sólo familiares, o amigos, sino también enemigos. Pablo enlista las personas que experimentaron estas apariciones: Pedro, un apóstol que probablemente se sentía culpable por haber abandonado a su maestro; el grupo de los doce (menos Judas Iscariote), entre ellos Juan, quien acompañó a su maestro al pie de la cruz; un grupo de más de quinientas personas, y de ellas Pablo refiere que muchos siguen vivos, prácticamente invitando a quien dudara de su testimonio a entrevistarlos personalmente; Santiago, el hermano de Jesús, quien no creía en él en vida, y para quien la crucifixión debía haber sido confirmación de que Jesús era un blasfemos o un lunático, pero quien luego de verlo resucitado se convirtió en uno de los pilares del Cristianismo en Jerusalén; por último, a Pablo, quien era antes un orgulloso judío, sin remordimientos ni motivo alguno para abandonar la vida de comodidades y alta estima social, y quien elige, después de su encuentro con Jesús en el camino a Damasco, una vida de padecimientos, carencias, persecuciones, tormento y martirio, todo sin ningún reproche.
  5. Los cristianos de la iglesia primitiva defendieron su testimonio de haber visto a Jesús resucitado, a pesar de tener toda predisposición en contra.
    A pesar de que al confesar su fe en Jesús serían rechazados por la sociedad, incluyendo sus familias; a pesar de que perderían sus bienes; a pesar de que serían perseguidos y azotados; a pesar de que no había ninguna ganancia económica o política; a pesar de que vieron a sus compañeros ser apresados y violentamente ejecutados. Muchas personas, siendo inocentes, llegan a confesar una culpa que no es suya por la presión social o por la tortura física. Pero miles de cristianos que aseguraban haber visto a Jesús resucitado aceptaron la tortura y el martirio sin retractarse. Está documentado que el concilio judío y las autoridades romanas les daban múltiples oportunidades de desmentirse, pero los apóstoles no parecían temer el dolor físico. Sería un caso extraño si los once apóstoles hubieran persistido en una hipotética conspiración, por no mencionar los millares, aceptando el sufrimiento y sin retribución de ningún tipo. Y lo que ocurrió en el Cristianismo es algo nunca repetido en la historia. El movimiento religioso se originó con la muerte de su líder: justamente el hecho que debía haberles mostrado que Jesús no era Dios, tras su resurrección, finalmente los convenció de la veracidad de sus palabras y les dio el valor para afrontar todas las consecuencias de su fe.

Estos cinco hechos requieren una explicación, y la mejor explicación, comparada con las alternativas (las mujeres se equivocaron de tumba, los discípulos robaron el cuerpo, Jesús sobrevivió a la crucifixión, hubo una epidemia de alucinaciones, Jesús tenía un hermano gemelo, etc.), es que Jesús realmente resucitó de entre los muertos.

3. Jesús es Dios

Si la resurrección de Jesús es la mejor explicación a estos hechos, entonces lo más racional es creer que ella ocurrió. Pero esto debemos interpretarlo como una vindicación de su autoridad divina. Es decir, Jesús es Dios.

Referencias

Craig, W. L. (2010). On guard: Defending your faith with reason and precision. Colorado: David C. Cook.

McDowell, J. (1982). Evidencia que exige un veredicto. Florida: Vida.

Strobel, L. (1998). The case for Christ:A journalist’s personal investigation of the evidence for Jesus. Michigan: Zondervan.

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). El argumento histórico (o de la resurrección de Jesús de Nazaret). Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/resurreccion-de-jesus-de-nazaret

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