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Categoría: Sociedad y cultura

¿Celebramos fiestas paganas?

Apenas el mes pasado escuchaba la historia del mole poblano, ese platillo típico mexicano, creado durante la época colonial con el propósito de complacer y honrar al virrey de la Nueva España. Mientras escuchaba la historia del mole me puse a pensar cómo, cuando se sirve en una boda o un cumpleaños, nadie cree que esto tenga una connotación política o filosófica. Es sólo mole. Algo sabroso para comer. Y eso me hizo pensar en esta controversial pregunta. Leer más

El caso de Cristo (2017)

Director: Jon Gunn

Actores principales: Mike Vogel, Erika Christensen

Género: Drama. Duración: 113 minutos.

Lee Strobel era feliz. Tenía un buen trabajo como editor en el Chicago Tribune, una bella esposa, una hija y otro en camino. Y en su casa nadie hablaba de hadas, duendes, o cualquier otro ser fantástico que viva en la imaginación de personas menos racionales que ellos. Hasta que lo inesperado sucedió.

El caso de Cristo es una película semibiográfica basada en el libro homónimo de Lee Strobel. Leslie, la esposa de Lee, recientemente ha tomado la decisión de convertirse al Cristianismo, y Lee no ve más remedio que usar su experiencia como periodista en asuntos legales para rescatarla del suicidio intelectual que ha cometido. Quizá la evidencia científica e histórica la convenza de que su nueva fe está basada nada más que en mitos.

Al mismo tiempo, Lee se encuentra a la mitad de un reportaje de poco interés, ya que toda la evidencia incrimina a un único sospechoso, y la razón no deja lugar a dudas de su culpabilidad. Sin embargo, un sólo detalle pasado por alto pudiera cambiar el rumbo de este juicio.

Especialmente bueno

La película nos presenta un esbozo del argumento de la resurrección de Jesús de Nazaret mediante entrevistas que Strobel tiene con algunos especialistas en paleografía, Cristianismo primitivo, teología, psicología y medicina. El Dr. William Lane Craig fue consultado para asegurarse de que, a pesar de las limitaciones de tiempo y formato, ninguna premisa del argumento quede fuera de la película.

Especialmente malo

Evidentemente es muy difícil presentar un argumento robusto y sólido, con todas las réplicas a las posibles objeciones que sus detractores pueden hacer, al mismo tiempo que se intenta narrar una versión embellecida de eventos reales en un lapso de 2 horas. Esto no significa que la película sea mala, o que el argumento sea deficiente, sino que no debe creerse que el propósito de esta película sea el de convencer al espectador ateo. Probablemente los más críticos saldrán de la sala o apagarán el televisor a la mitad de la proyección.

Recomendación

Recomiendo la película a todos los cristianos, especialmente aquéllos que se sienten indefensos cuando alguien cuestiona su fe, o a los creyentes que aún no han sido bautizados pero están a un paso de tomar su decisión. No debería recomendarse, en cambio, a los amigos incrédulos, debido a que el tiempo y el formato de la película limita la profundidad de la discusión que requieren las premisas del argumento.

Si deseas compartir el argumento a favor de la resurrección de Jesús, puedes leer El caso de Cristo (el libro en el que está basada la película) u otros libros especializados en apologética. También puedes leer nuestros artículos sobre la infalibilidad de la Biblia, la historicidad de Jesús de Nazaret y el argumento de la resurrección.

La iglesia paga caro su desinterés en la ciencia

Según un estudio conducido por Christian Smith, de la Universidad de Notre Dame, más de dos terceras partes de la población universitaria (entre 18 y 23 años de edad) cree que la ciencia y la religión enseñan cosas contradictorias, y un 57% cree que la fe se debilita con cada descubrimiento científico.

En You lost me: Why young christians are leaving the church, David Kinnaman describe los resultados de su estudio sobre los principales motivos que alejan a los jóvenes de la iglesia. Uno de sus hallazgos más reveladores es que, a pesar de que la mitad de los adolescentes más involucrados en los grupos juveniles de sus iglesias locales aspiran a estudiar carreras relacionadas con la ciencia, como matemáticas, física, química, biología, o alguna ingeniería o área de la salud, menos del 1% de los pastores o líderes de la iglesia alude a la relación entre ciencia y religión durante sus predicaciones. Y con empacho debe agregarse que, cuando algún predicador habla de ciencia, comúnmente lo hace de manera desinformada.

Un coste alto

Lo que quiero señalar con esto es que la ignorancia se paga, y la iglesia paga caro su desinterés en la ciencia. La estadística es abrumadora: 3 de cada 5 jóvenes abandonan la fe después de los 15 años de edad, y las tres razones de mayor peso son el rechazo a un sentimiento de sobreprotección, la percepción del Cristianismo como superficial y la idea de que la iglesia mantiene una postura antagónica con la ciencia.

Está claro que no todos podemos aspirar a una formación académica en las ciencias naturales, por la misma razón que no todos podemos aspirar a una formación académica en las artes o en las ciencias sociales. Es tan difícil para un abogado promedio demostrar un teorema de análisis numérico como para un biólogo promedio escribir un ensayo sobre la influencia que la literatura de México ha tenido sobre el cine de la Argentina. Pero ello no implica que no podamos interesarnos por temas distintos a aquéllos estrictamente cubiertos por nuestros estudios académicos. Todos tenemos, por ejemplo, pasatiempos o aficiones que no están directamente vinculados con nuestra vida laboral, y esto, sin duda, nos ha permitido ampliar nuestra visión del mundo.

Físicos y psicólogos pueden sentir la misma profunda admiración por la música, ese efecto psicológico que las ondas mecánicas producen cuando su señal impresa captada por nuestros oídos es interpretada por nuestro cerebro. Cualquiera puede maravillarse ante un cuadro de Renoir y, por cierto, que nuestro conocimiento de él, o de cualquier otro artista, estaría incompleto sin un conocimiento de su obra. Quizá hubiera alguien en Cambridge a finales del siglo XVII que considerara a Isaac Newton un hombre excelente y gran amigo, pero sería extraño pensar que tan buen amigo suyo no estuviera al tanto de sus hallazgos científicos y la influencia filosófica, política y socioeconómica de su obra.

Por amor a Dios

Como cristianos, nada es de mayor interés para nosotros que tener una relación personal con Dios. Deseamos conocerlo como padre, como amigo, como capitán, como redentor. Pero, ¿podríamos decirnos verdaderos amigos suyos, verdaderos hijos, verdaderos mayordomos, si no nos interesáramos por su creación, por una obra tan magnífica que, aún manchada por el pecado, es absolutamente fascinante? ¿Por un lienzo en cuyos cielos se anuncia la obra de sus manos, y que nos hace preguntarnos quiénes somos y por qué estamos aquí?

No tengo autoridad para exigir que alguien se interese por lo mismo que a mí me gusta. Pero siempre he visto a Dios como un gran artista, y a los grandes artistas los conoce uno cuando entiende su obra.

Referencias

Cootsona, G. (2014). When science comes to church. Recuperado de: http://www.christianitytoday.com/ct/2014/march-web-only/when-science-comes-to-church.html

Kinnaman, D. (2011). You lost me: Why young christians are leaving church. Michigan: Baker Books.

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). La iglesia paga caro su desinterés en la ciencia. Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/la-iglesia-paga-caro-su-desinteres-en-la-ciencia

¿Cabe la opinión de la iglesia en temas públicos?

Todos hemos oído, en efecto, muchas críticas hacia los sacerdotes y otros líderes de diferentes grupos religiosos, y más de una vez hemos estado de acuerdo con la crítica, debido a que comentan públicamente acerca de temas sociales, como la despenalización del aborto y la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Hasta qué punto es válido que se use la postura de la iglesia como argumento en una discusión pública sobre temas sociales, y en qué momento se convierte esto en un uso indebido de dogmas para imponer leyes y preceptos de grupos particulares en situaciones públicas?

Libertad de conciencia

Bien, seguramente reconoces, como yo, que la libertad de conciencia como un derecho inalienable: aun si pudieran impedirme el decir lo que pienso, o si pudieran obligarme a decir cosas que no pienso, nadie puede impedir que piense lo que yo realmente pienso. De hecho, ni yo mismo puedo impedirlo. Cada quien es libre, en el más puro y perfecto sentido de la palabra, de construir su propio sistema de creencias, independientemente de que sus acciones se ejecuten o no conforme a esas creencias. Imponer creencias es imposible. Lo que sí es posible, en cambio, es imponer conductas, y muchos han dado sus vidas a lo largo de la historia para que en la sociedad moderna esto no ocurra.

Así, la libertad de expresión es una consecuencia del reconocimiento de la libertad de conciencia en las sociedades democráticas. Esto es algo que toda persona debe respetar, en particular acerca de temas de ética. Sería ilícito, en cambio, que cualquier persona intentara obligar a alguna otra a actuar en perjuicio de su libre conciencia. El límite, por supuesto, se encuentra en las leyes del Estado. Umberto Eco lo ilustra bien en una carta dirigida a Carlo María Martini (reproducida en Eco y Martini, 2013).

“Yo no tengo que objetar al hecho de que la religión musulmana prohíba el consumo de sustancias alcohólicas; si no estoy de acuerdo, no me hago musulmán. No veo por qué los laicos han de escandalizarse cuando la Iglesia católica condena el divorcio: si quieres ser católico, no te divorcies (…) reacciona sólo si la Iglesia pretende impedirte a ti, que no eres católico, que te divorcies.”

Esto no anula, por supuesto, el derecho de los creyentes a opinar que el estilo de vida óptimo requiere abstenerse de consumir bebidas alcohólicas, o evitar el divorcio. Eco prosigue:

“Hay actos sociales (completamente laicos) para los que se exige el esmoquin, y soy yo quien debo decidir si quiero adecuarme a una costumbre que me irrita, porque tengo una razón impelente para participar en el acto, o si prefiero afirmar mi libertad quedándome en mi casa. Si un grupo de sacerdotes tomara la iniciativa de defender que, en materias no dogmáticas como el celibato eclesiástico, la decisión no debe corresponder al Papa, sino a la comunidad de fieles agrupada en torno a cada obispo, y alrededor de esta iniciativa surgiera la solidaridad de muchísimos creyentes practicantes, yo me negaría a firmar cualquier manifiesto a su favor. No porque fuera insensible a sus problemas, sino porque no pertenezco a su comunidad y no tengo el derecho de meter mis narices en cuestiones que son exquisitamente eclesiales.”

Los límites de la libertad

Hasta aquí existe un común acuerdo entre creyentes e incrédulos, que la libertad de conciencia, y por extensión la libertad de expresión, son derechos esenciales del ser humano que no pueden (en el caso del primero) ni deben (en el caso del segundo) coartarse en una sociedad democrática. Por otro lado, nadie tiene derecho a imponer sobre otros cualquier obligación o prohibición que no esté contenida en las leyes del Estado. Además, en el caso de los preceptos obedecidos por miembros de un grupo particular, ninguna persona ajena a este grupo tiene derecho a agregarles, suprimirles o modificarlos, a menos que de otro modo se vean transgredidas las leyes del Estado.

Pero debe notarse que, aunque el incrédulo está excluido de las decisiones internas de una profesión de fe, los creyentes sí pueden participar de las decisiones externas a su profesión de fe porque ellos mismos pertenecen también a la sociedad y son también afectados por las leyes del Estado. Y aquí, Carlo María Martini, en respuesta a la carta que cité antes, nota algo importante:

“No se puede hablar de leyes del Estado como algo absoluto e inmutable. Las leyes expresan la conciencia común de la mayoría de los ciudadanos y tal conciencia común está sometida al libre juego del diálogo y de las propuestas alternativas, bajo las que subyacen (o pueden subyacer) profundas convicciones éticas. Resulta por ello obvio que algunas corrientes de opinión, y por lo tanto las confesiones religiosas también, pueden intentar influir democráticamente en el tenor de las leyes que no consideran correspondientes a un ideal ético que para ellos no representa algo confesional sino perteneciente a todos los ciudadanos. En esto consiste el delicado juego democrático que prevé una dialéctica entre opiniones y creencias, con la esperanza de que tal intercambio haga crecer esa conciencia moral colectiva que subyace a una convivencia ordenada.”

Me parece, entonces, que el límite en cuanto al derecho de cualquier persona, creyente o no, es el mismo para expresarse en cuestiones éticas que para expresarse en cualquier otra cuestión: la dignidad humana. En el caso del cristiano, obedeciendo al mandato de ser una luz en el mundo, su comportamiento debe dar testimonio del estilo de vida que cree correcto, alentando a otros a vivir conforme a la voluntad perfecta de Dios, tratando de influir sobre la sociedad más de lo que la sociedad pueda influir sobre él, pero respetando el derecho que tiene cada quien a pensar y actuar dentro de los límites de la legalidad.

Referencias

Eco, U., y Martini, C. (2013). En qué creen los que no creen. Madrid: Taurus.

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). ¿Cabe la opinión de la iglesia en temas públicos? Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/la-opinion-de-la-iglesia-en-temas-publicos/

Anna Karénina (Tolstoi, 1878)


Autor: Lev Tolstói.          Traductor: Víctor Gallego.

Género: Novela realista.

Personajes principales: Anna Arkádievna Karénina, Alexei Kirillovich Vronsky, Konstantin “Kostya” Dmitrievich Lévin, Ekaterina “Kitty” Alexandrovna Scherbatskaya.

Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo. Y las familias involucradas en esta trama lo descubrirán en su camino a la felicidad o a la desdicha.

En pleno siglo XIX, San Petersburgo, Anna es la mujer que todas quieren ser y la que muchos quieren tener. Inteligente, sofisticada, de exquisito trato social y, sobretodo, muy hermosa, es la esposa de Alexei Alexandrovich Karenin, un hombre de política con un alto sentido de la moral cuya carrera se ve en rápido ascenso. Kitty, la joven hija de los príncipes Scherbatsky, es concuñada de Anna y desea algún día convertirse en una mujer refinada como ella, digna del conde Vronsky, de quien está enamorada. Vronsky tiene una carrera prometedora como militar, pero su temperamento arrebatado lo hará poner en riesgo su reputación y su fortuna. Kostya es un hombre de campo que sin buscarlo se halla de pronto en medio de la discusión de quienes apoyan el zarismo y quienes promueven un nuevo modelo sociopolítico, no muy distinto al conflicto que él vive entre sus costumbres y sus inquietudes intelectuales.

Un baile (y quizá un desliz) pone en marcha una serie de cambios que desafiarán las convicciones de cada uno de los personajes principales, con consecuencias inimaginables para sus familias, amigos, e incluso la escena política en las altas esferas. Todos ellos buscan la felicidad a su manera, ya sea en la aceptación social o en la transgresión de su código moral, en el servicio al prójimo o en el utilitarismo, en el desenvolvimiento académico o en la conformidad, en la razón o en la fe. Lamentablemente, aprenderemos que sólo pocos encuentran lo que buscan, mientras otros no saben nunca lo que persiguen.

Especialmente bueno

Anna Karénina es, sin duda, una obra maestra, uno de esos libros, como el Quijote o la Comedia, que hay que leer al menos una vez en la vida. Fue aclamada por Dostoyevski en su tiempo, y, siguiendo con Nabokov, Faulkner, y Coetzee en nuestros días, resulta una de esas joyas cuya belleza es evidente incluso para quienes no son expertos joyeros. Tolstói, a pesar de ser uno de los escritores más consagrados de la literatura universal, usó aquí, intencionalmente, un lenguaje simple que contrasta con la profundidad del estudio logrado en su obra.

Especialmente malo

No hay desperdicio en Anna Karénina. Anteriormente era difícil encontrar una buena traducción al español. Afortunadamente, la última década ha traído consigo algunas buenas opciones, incluyendo la que recomiendo aquí, de Víctor Gallego.

Recomendación

¿Todavía estás leyendo esto? Me halagas, pero ¡corre a leer Anna Karénina! ¡Ahora! Incluso con una traducción anónima será de las mejores experiencias de tu vida.

El violinista en el tejado (1971)

Director: Norman Jewison.

Actores principales: Chaim Topol, Norma Crane.

Género: Musical, Drama. Duración: 179 minutos.

En la pequeña Anatevka cada habitante es como un violinista en el tejado, cada uno tratando de sacar algo bueno de la vida sin caer y romperse el cuello. ¿Cómo logran el equilibrio en tan difícil posición? Una palabra: ¡Tradición!

La película es una adaptación del musical de Broadway (1964), con Chaim Topol en el papel del patriarca Tevye y Norma Crane como su esposa Golde.

El violinista en el tejado cuenta la historia de una familia tradicional judía en la Rusia imperial alrededor de 1905. Tevye y Golde tienen cinco hijas, tres de ellas en edad de conseguir esposo, y la tradición dicta que la casamentera del pueblo debe conseguirles una pareja apropiada. Por supuesto, “pareja apropiada” es un eufemismo para cualquier hombre en mejor posición económica que ellas, sin importar cuán desagradable pueda resultar a las jóvenes.

Adivinarás muy pronto en la película que las tres hijas, Tzeitel, Hodel y Chava se negarán a conformarse a la tradición de sus padres, y elegirán a su propia pareja, cada una disgustando a sus padres por distintos motivos.

La película nos invita a reflexionar acerca de las tradiciones que estamos dispuestos a cambiar con el tiempo y dónde delimitamos aquello que nos parece inaceptable, y cómo nuestras creencias más diversas (la importancia de las convenciones sociales, el carácter premonitorio de los sueños, las ideas políticas o religiosas) influyen irremediablemente sobre las decisiones que tomamos. Trata también el tema del sufrimiento y la desesperación que alguien puede sentir cuando los eventos del mundo contradicen la providencia que esperaría de un Dios todo poderoso y perfectamente bueno.

Especialmente bueno

La producción es fenomenal. Destaca el tema Sunrise, sunset, las danzas tradicionales en To life y The bottle dance, y la emotividad de Far from the home I love y Little bird. Obtuvo 8 nominaciones al premio Oscar, incluyendo mejor película y mejor actuación para Topol, de los cuales ganó 3, en las categorías de mejor sonido, mejor música y mejor cinematografía.

Especialmente malo

Algunos críticos señalan que la trama es predecible y algo simplista, aunque esto es común en el genero musical (con sólo algunas notables excepciones) y, por lo tanto, no es especialmente malo o particular de esta película. La historia avanza con cada número musical y esto limita un poco la progresión narrativa, pero no me parece grave.

Recomendación

Si no la has visto, hazlo en cuanto tengas una noche libre, incluso si no eres fan de los musicales (quizá sea éste el que te haga cambiar de parecer). Es mejor que te prepares con bebidas que con bocadillos (en especial frituras y otras cosas crujientes), ya que te impedirán apreciar los números musicales, que son, en definitiva, el punto fuerte de El violinista en el tejado.