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El argumento histórico (o de la resurrección de Jesús de Nazaret)

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El Cristianismo tiene su fundamento en la resurrección física de Jesús de Nazaret, un judío de Palestina en el siglo I, quien aseguraba ser Dios. De hecho, los testigos oculares de la época atribuyen a Jesús una diversidad de actos milagrosos además de un conjunto de lecciones morales que, en buena medida, han dado forma a la ética del mundo occidental. Pero si algo en especial resalta de su biografía, es que predijo su muerte y su resurrección al tercer día.

En vista de que el Cristianismo vive o muere con la historicidad de la resurrección, analicemos la evidencia histórica disponible.

Ésta es una referencia rápida al argumento de la historicidad de Jesús de Nazaret. Leer más

Cuando adoramos a Jesús, ¿adoramos a un hombre?

Cuestionado sobre el asunto, Jesús respondió que el principal mandamiento consiste en amar a Dios sobre todas las cosas. Y el concepto no era ajeno a sus detractores.

Oye, Israel. el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” (Deuteronomio 6:4-5).

“No tendrás dioses ajenos delante de mí.” (Éxodo 20:3).

“Los necios cambian la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador.” (Romanos 1:25).

Por eso la adoración a Jesús es inaceptable para la mayoría de los judíos. Lo es incluso para algunos grupos religiosos que, sin embargo, se identifican a sí mismos como cristianos.

Está claro que Jesús de Nazaret fue un hombre judío que vivió y murió hace unos dos mil años. También es claro que, como cristianos, debemos adorar a Dios y no a los hombres. ¿No es correcto, entonces, adorar a Jesús? ¿Se supone que lo adoramos en su divinidad pero tan sólo admiramos su humanidad? ¿O cualquier práctica de veneración dirigida a él es idolatría?

¡Un error que debe corregirse!

Si tienes esta duda, es urgente que la resuelvas. ¡Pensar que el Cristianismo implica la adoración a un hombre es una interpretación errónea de la doctrina de la encarnación! La doctrina de la encarnación, tal como fue promulgada en el Concilio de Calcedonia, es enfática. El Cristo encarnado es una única e indivisible persona que posee dos naturalezas distintas: una humana y una divina. Esa única persona, que es Cristo, es la segunda persona de la Trinidad. Y, por lo tanto, tiene esencialmente una naturaleza divina. Cristo no es una persona humana, ni hay otra persona que sea simultáneamente Cristo y hombre. Existe una única persona a quien llamamos Cristo, y esa persona es divina.

La naturaleza de Jesús

Así que no hay una persona humana llamada Jesús de Nazaret. Jesús es una persona divina. Lo que ocurre es que esa persona divina tiene una naturaleza humana además de la naturaleza esencialmente divina que siempre ha tenido. Cristo adoptó una naturaleza humana en la concepción virginal de María. Pero la persona que María guardó en su vientre era una persona divina, y por ello fue llamada madre de Dios (el extremo al que se llevó esta expresión es otro tema a discutir).

Cuando los cristianos decimos que Jesús era humano y divino, no queremos decir que sea simultáneamente una persona divina y una persona humana. Más bien, queremos decir que Jesús es una persona divina que adoptó una naturaleza humana además de su naturaleza divina.

Como cristianos, adoramos la persona conocida como Jesucristo. No adoramos su naturaleza, humana o divina, sino a él mismo, así como tampoco adoramos los atributos de Dios, sino directamente a Dios. Y ya que Jesús es una persona divina, y que no hay una persona que sea simultáneamente Cristo y humano, simplemente no hay idolatría en adorar a Jesús.