Inicio » ¿Tú también ves moscas volantes cuando miras el cielo?

¿Tú también ves moscas volantes cuando miras el cielo?

A post shared by Torcacita (@torcacita73) on

Seguramente las has visto, como moscas volantes o evasivas manchas que flotan en el cielo. Seguramente has intentado seguirlas, pero cada vez que giraste los ojos en su dirección, ellas lo hicieron al mismo tiempo y en el mismo sentido; y, al igual que la mayoría de los seres humanos, has debido conformarte con espiarlas de soslayo. Quizá has temido que se tratara de una secreta enfermedad ocular o, peor aún, una confirmación de que, como lo sospechaste, estás perdiendo la razón. No te preocupes. Escribo esta entrada para asegurarte que todo está bien (probablemente).

El nombre médico de eso que has observado es miodesopsias, cuyo significado es, literalmente, “cositas que parecen moscas“. Para entender lo que ocurre, repasemos brevemente la estructura del ojo.

Si mantuvieras arriba tu párpado y con la punta de tu dedo mancillaras el ojo desnudo, lo que tocarías directamente sería la córnea, el tejido refractor responsable de la mayor porción de la potencia del ojo. Detrás de la córnea está el iris, la membrana coloreada circular en cuyo centro se encuentra la pupila, la ventana hacia el interior del globo ocular. Luego de atravesar la pupila, la luz llega al cristalino, el cual es, en pocas palabras, una lente capaz de modificar su curvatura y espesor, lo cual nos permite enfocar objetos a diferentes distancias. Una vez que la luz pasa el cristalino, atraviesa el cuerpo vítreo hasta interactuar con la retina, que es el tejido fotosensible de la pared interior del ojo, donde finalmente se proyectan las imágenes que recibimos del exterior. De allí las células fotorreceptoras transforman los impulsos luminosos en señales eléctricas que son enviadas por el nervio óptico hasta el cerebro para su procesamiento e interpretación.

A post shared by Torcacita (@torcacita73) on

Ése es el funcionamiento del ojo a grandes rasgos, pero no es toda la historia. Otra cosa que puede decirse es que el cristalino, en las etapas tempranas del ojo durante el desarrollo embrionario, es irrigado por la arteria hialoidea, pero a partir de la séptima semana, aproximadamente, puede crecer independientemente del suministro de sangre. En la gran mayoría de las personas, una vez que esta arteria ya no es necesaria se degrada, quedando en su lugar el conducto hialoideo y algunos de sus restos atrapados dentro del cuerpo vítreo.

Estos restos pueden proyectar una sombra muy tenue sobre la retina al interponerse en el camino de la luz desde el cristalino, por lo que usualmente no los notamos, a menos nos encontremos en un medio claro y con mucha iluminación, como cuando miramos un cielo despejado. Además, debido a que los residuos no están fuera del ojo sino dentro de él, cualquier intento por desplazarlos con respecto a nuestra línea de visión es tan inútil como girar un vaso con jugo de naranja para evitar bebernos los grumos o las semillas.

En la mayoría de los casos estas moscas volantes son inofensivas, pero en raras ocasiones puede haber un problema real si, aunado a esto, el cuerpo vítreo se desprende de la retina. En tal caso, si las moscas volantes ocupan una mayor área de visión, o se ven de color, o las notas incluso contra planos no tan claros e iluminados como un cielo despejado, deberías acudir con un oftalmólogo tan pronto como sea posible.

Referencias

Cortés-Gabaudán. (2011). Miodesopsia. Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico. Salamanca: Universidad de Salamanca. Recuperado de: https://dicciomed.usal.es/palabra/miodesopsia

Wikipedia. (5 de mayo de 2016). Conducto hialoideo. Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Conducto_hialoideo

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2018). ¿Tú también ves moscas volantes cuando miras el cielo? Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/moscas-volantes-cuando-miras-el-cielo

Deja un comentario