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Categoría: Filosofía

¿Es racional ser cristiano?

Alvin Plantinga es uno de los filósofos más importantes de los últimos cien años. Autor de God and Other Minds (1967), The Nature of Necessity (1974) y Warranted Christian Belief (2000), su obra ha tenido tal influencia en las áreas de la metafísica, la epistemología y la filosofía de la religión, que es justo decir que, junto a C. S. Lewis y G. K. Chesterton, es responsable de la forma que ha adoptado la apologética contemporánea.

En este breve video se resume su postura de que cualquiera que se proponga señalar al cristianismo como una creencia irracional está obligado a refutarlo. De lo contrario, debe admitir la posibilidad de que el cristianismo sea, después de todo, perfectamente racional.

El argumento ontológico (o de la aseidad del Máximo Ser Concebible)

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Si se pide a diez personas que piensen en un triángulo, seguramente no tendrán la misma imagen en la mente. Diferirán en el color, por ejemplo, y en la extensión de su base o en su altura. Algunos triángulos serán agudos y otros obtusos. Quizá una persona visualice un triángulo equilátero mientras que otra se figure un triángulo escaleno.

Pero hay algo en lo que todos estarán de acuerdo. Si el concepto les es familiar y han experimentado con formas triangulares en su vida diaria, reconocerán que, sin importar los accidentes de su trazado, un triángulo tiene necesariamente tres lados rectos cuyos extremos se tocan por pares en tres vértices. Si han prestado atención durante sus clases de educación básica, recordarán también que esta configuración geométrica exige que la suma de sus ángulos internos sea siempre 180°, y que la suma de las longitudes de cualesquiera dos de sus lados sea siempre mayor que la longitud del lado restante.

Esto es lo que es un triángulo. Otras características podrán variar, pero nunca éstas. Si no se cumpliesen estas condiciones, no estaríamos hablando de un triángulo, sino de otra cosa. Si tuviera cuatro lados, la figura sería un cuadrilátero y no un triángulo. Si se trazaran solamente dos segmentos de recta, o si la suma de los ángulos internos fuera mayor que 180°, los extremos de sus lados no se tocarían en tres vértices y no se trataría de una región delimitada (es decir, ni siquiera tendríamos un polígono).

Lo que resulta ilustrativo del concepto de triángulo (sin profundizar más en trigonometría o discutir geometrías no euclidianas) es que hay ciertos atributos que hacen de un ser lo que es, los cuales o posee necesariamente o deja de ser. Decir esto, por supuesto, no es lo mismo que afirmar su existencia. No basta con definir un objeto para que exista. Pero si existe lo hace con aquéllos atributos que lo hacen ser lo que es, porque es imposible que carezca de ellos. Si algún triángulo en verdad existe, ha de tener tres lados perfectamente rectos tocándose exactamente en sus extremos.

Ésta es la idea básica (y aparentemente obvia) detrás del argumento ontológico. El argumento ontológico es un argumento que concluye la existencia del Máximo Ser Concebible (MSC) por la vía analítica de la razón pura, partiendo de un reconocimiento de los atributos que necesariamente debería poseer ese MSC si acaso existiera. Leer más

¿Quién creó a Dios?

Quizá te has preguntado alguna vez por qué existimos. Y no sólo nosotros, sino por qué existe cualquier cosa. No parece absurdo suponer que, si mi existencia no es necesaria, ni la de mi casa, ni la de mi perro, ni la del árbol que está en el parque, ni la de este planeta, ni la de toda la galaxia… entonces era bien posible que no hubiese existido nunca nada. Al fin y al cabo, todo está hecho de átomos, y ningún átomo parece tener nada de especial. Bien, si te has puesto a pensar alguna vez sobre esto, ¡felicidades! Tienes algo en común con Gottfried Leibniz, uno de los grandes pensadores de la humanidad.

Leibniz, famoso por haber desarrollado el cálculo infinitesimal al mismo tiempo, pero de manera independiente, que Isaac Newton, se preguntaba por qué existe algo en vez de nada, y concluyó que todo lo que existe lo hace o por contingencia o por aseidad; es decir, o por consecuencia de una causa externa o por necesidad de su propia naturaleza.

¿Por qué existen las cosas?

La mayoría de los seres tenemos una causa de nuestra existencia, y ésta puede ser:

  • Una causa material (un objeto es una combinación o modificación de sustancias previamente existentes, como la mesa se compone de madera).
  • Una causa eficiente (un objeto es el producto final de una secuencia de eventos durante un proceso, como la mesa es el trabajo de un carpintero) .
  • Una causa formal (un objeto es definido por la función que cumple, como la mesa es cualquier tabla de piedra o madera que se usa para comer sobre ella).

De hecho, todos los objetos de la realidad pudieran ser explicados por al menos una de estos tres tipos de causa, con excepción de Dios.

Pero, ¿cómo es eso? Si Dios creó el universo, ¿quién creó a Dios? ¿Cómo llegó a ser quien es? ¿Cuál es la causa de su existencia?

Dios: el creador no creado

Dios no puede tener una causa que sea externa a él, pues, si así fuera, entonces él dependería de lo que sea que lo haya causado, y esto, además de ser absurdo (pues Dios tendría que haber creado aquello que, a su vez, lo creó a él), sería incompatible con el concepto de Dios como máximo ser concebible. Entonces, la explicación de Dios debe ser interna, es decir que Dios existe por necesidad de su propia naturaleza. Si Dios existe, entonces Dios es metafísicamente necesario. El argumento ontológico parte precisamente de esta idea para probar que, si es posible que el máximo ser concebible exista, entonces necesariamente el máximo ser concebible existe.

Piensa, por ejemplo, en un triángulo. Un triángulo es una figura bidimensional cuya frontera geométrica consiste en tres segmentos de recta que coinciden, de dos en dos, en tres vértices. Al mirar a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que los triángulos, así definidos, no pueden existir como objetos concretos en la realidad. Salvo en nuestra imaginación, no hay figuras que sean absolutamente bidimensionales, o líneas que sean perfectamente rectas. Pero reconocemos que, si en alguna parte existiera un triángulo, éste sería absolutamente bidimensional y sus lados serían perfectamente rectos. Esto es así porque ésa es la naturaleza del triángulo.

De manera análoga, la naturaleza de Dios como máximo ser concebible implica su existencia independiente de toda otra cosa. Entonces, si Dios existe, su existencia es necesaria según su propia naturaleza. Si hubiera sido creado o tuviera una causa externa a él, si su posición como Dios fuera consecuencia de eventos anteriores, o si su esencia fuera la composición de sustancias previas, entonces no sería realmente Dios. A este atributo de Dios (según el cual Dios existiría aun si no hubiera universo ni personas, ni espacio, ni tiempo, ni materia, ni energía) se le conoce como aseidad. Así como un triángulo no podría no tener tres lados, Dios no podría no existir.

Aunque la idea parece antinatural, históricamente muchos pensadores han creído que otros objetos poseen el atributo de aseidad. Por ejemplo, Platón creía que los objetos abstractos, como los números y las figuras geométricas, existen de manera independiente a toda otra realidad, y que simplemente están allí, en su mundo de las ideas, desde la eternidad hasta la eternidad y sin ninguna razón. Carl Sagan declaró que “el cosmos es todo lo que hay, todo lo que hubo y todo lo que alguna vez habrá” (en Andorfer y McCain, 1980). Los cristianos rechazamos esta postura, y creemos sólo Dios posee aseidad, que él es el único creador no creado, el artífice de todos los artefactos.

Referencias

Andorfer, G., y McCain, R. (Productores), Malone, A. (Director). (1980). Cosmos – Episodio 1: En la orilla del océano cósmico [Documental]. Estados Unidos: Public Broadcasting Service.

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). ¿Quién creó a Dios? Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/por-que-existe-dios/