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¿Celebramos fiestas paganas?

Apenas el mes pasado escuchaba la historia del mole poblano, ese platillo típico mexicano, creado durante la época colonial con el propósito de complacer y honrar al virrey de la Nueva España. Mientras escuchaba la historia del mole me puse a pensar cómo, cuando se sirve en una boda o un cumpleaños, nadie cree que esto tenga una connotación política o filosófica. Es sólo mole. Algo sabroso para comer. Y eso me hizo pensar en esta controversial pregunta.

¿Es la navidad una celebración pagana? ¿Y el año nuevo? Si en tu casa has colocado un pinito con la intención de representar a Yggdrasil, el árbol del universo, o si has marcado los días en el calendario, esperando ansioso el solsticio de invierno para decir unas palabras solemnes en honor del Sol invicto, entonces sí, creo que la forma en que celebras la navidad tiene mucho de paganismo.

La realidad, sin embargo, es que quien sea que dice celebrar navidad, usualmente está pensando en el nacimiento de Jesús de Nazaret. Y, aunque no sabemos con certeza la fecha exacta en la cual Jesús nació, la claridad de esta intención, de celebrar la llegada de nuestro Señor a la tierra, no deja lugar a otro tipo de sospechas.

Hoy en día, incluso, muchas personas no cristianas aprovechan los días de descanso alrededor del fin de año para reunirse con sus familias, convivir de manera especial, compartir sus experiencias y su fortuna, y expresar de distintas maneras su amor los unos por los otros. Como cristianos debemos fomentar estas oportunidades, independientemente de la visión que otros tengan del mundo. Pues hasta los hombres que no conocen personalmente a Dios muestran así la obra de la ley escrita en sus corazones (Romanos 2:15).

No es que ignoremos la historia alrededor de estas fechas. Es verdad que el 25 de diciembre alguien, en algún momento y en algún lugar, ha actuado contrario a la voluntad de Dios. Lo mismo es verdad del 24 de diciembre, y del 23, y del 22, y de cualquier otra fecha del calendario. También alguna vez alguien se postró para adorar un árbol, o una piedra, o un monte, o la luna o el sol. Pero nosotros sabemos que todo lo que existe fue creado, y que no hay dios más que el Señor.

Esto es lo que Pablo quería decir, por ejemplo, cuando habló de lo ofrecido a los ídolos. “Acerca de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo o en la tierra, para nosotros, sin embargo sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. (1 Corintios 8:4-6)”.

En las líneas siguientes, Pablo explica que esa carne que se come, en sí misma, “no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos seremos más, ni porque no comamos seremos menos (v. 8)”. Y, sin embargo, quienes no conocen a Dios y creen en esos ídolos, “comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina (v. 7)”.

Así que, ¿a celebrar navidad y año nuevo, todos libres de culpas? Bien, Pablo aconseja una cosa más. “Mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles (…) Si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano (v. 9, 13)”.

En otras palabras, disfruta el descanso bien merecido, participa de la cultura de tu sociedad. Estas celebraciones, como el mole poblano, son patrimonio de la humanidad, y todo ello puede ser hecho para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31), con dos condiciones: que no se imponga la voluntad social sobre la libre conciencia de cada individuo, enseñando como doctrina una tradición humana (Mateo 15:9); y, por otro lado, que no se prefiera un capricho personal por encima del bien colectivo, buscando hacerlo todo por amor del evangelio, para ser partícipe de él (1 Corintios 9:23).

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad. (Filipenses 4:8)”.

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