Inicio » Apologética

Categoría: Apologética

¿Celebramos fiestas paganas?

Apenas el mes pasado escuchaba la historia del mole poblano, ese platillo típico mexicano, creado durante la época colonial con el propósito de complacer y honrar al virrey de la Nueva España. Mientras escuchaba la historia del mole me puse a pensar cómo, cuando se sirve en una boda o un cumpleaños, nadie cree que esto tenga una connotación política o filosófica. Es sólo mole. Algo sabroso para comer. Y eso me hizo pensar en esta controversial pregunta. Leer más

El argumento histórico (o de la resurrección de Jesús de Nazaret)

A post shared by Torcacita (@torcacita73) on

El Cristianismo tiene su fundamento en la resurrección física de Jesús de Nazaret, un judío de Palestina en el siglo I, quien aseguraba ser Dios. De hecho, los testigos oculares de la época atribuyen a Jesús una diversidad de actos milagrosos además de un conjunto de lecciones morales que, en buena medida, han dado forma a la ética del mundo occidental. Pero si algo en especial resalta de su biografía, es que predijo su muerte y su resurrección al tercer día.

En vista de que el Cristianismo vive o muere con la historicidad de la resurrección, analicemos la evidencia histórica disponible.

Ésta es una referencia rápida al argumento de la historicidad de Jesús de Nazaret. Leer más

¿Monesvol y la Isla perdida desacreditan la existencia de Dios?

A post shared by Torcacita (@torcacita73) on

Muchos críticos de la teología natural han señalado que, aunque el argumento ontológico es difícil de refutar, es posible mostrar su falsedad por las conclusiones absurdas a las que puede llevarnos. Y, para ilustrarlo, han producido ingeniosos ejemplos, como la Isla perdida y el Monstruo de espagueti volador (Monesvol).
Leer más

El argumento ontológico (o de la aseidad del Máximo Ser Concebible)

Los argumentos ontológicos son argumentos que concluyen la existencia de Dios por la vía de la razón pura. Es decir, las premisas en un argumento ontológico son netamente analíticas, verdaderas a priori, ciertas por definición.

Fue Anselmo, arzobispo de Centerbury del siglo XI, quien lo popularizó en su Proslogio. Le siguieron notables pensadores, como René Descartes y Gottfried Leibniz durante la llamada Era de la Razón, y más recientemente Kurt Gödel y Alvin Plantinga.

Una exposición del argumento ontológico tradicional puede encontrarse en esta liga. También puede leerse una discusión de la versión propuesta por Descartes en Christian Apologetics de Norman Geisler (2013). La versión que expongo a continuación está basada en la interpretación que William Craig hace del argumento ontológico modal de Alvin Plantinga. Leer más

¿Sabe Jesús el día de su venida?

De acuerdo con el Cristianismo, Dios, además de ser el creador de todo lo que existe, posee atributos superlativos. Estos son perfección moral, omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia. En resumen, lo que el cristiano afirma es que Dios es el máximo ser concebible. Pero esto implica, en el Cristianismo, que Jesús de Nazaret debía haberlo sabido todo en todo lugar y momento. Sin embargo, Jesús declaró ignorar información relacionada con los tiempos finales. ¿Sabe Jesús el día de su venida? Y si no lo sabe, ¿no implica esto que Jesús no posee todos los atributos de la Divinidad?

Ésta es una fuente común de confusión, no porque la enseñanza de Jesús mismo al respecto no sea clara, sino porque, como humanos, es difícil concebir que una persona sea verdaderamente Dios y a la vez verdaderamente hombre. De hecho, esta declaración en Mateo 24:36 es una de las razones por las que, incluso algunos grupos que se consideran a sí mismos cristianos, niegan la divinidad de Jesús de Nazaret, como es el caso de los Testigos de Jehová.

¿Qué quiere decir que Dios posea omnisciencia?

Cuando sentimos adentrarnos en un asunto complicado, conviene siempre definir los términos clave tan precisamente como nos sea posible. Así podremos identificar dónde radica realmente el problema. Permíteme, pues, la siguiente definición: Una persona S es omnisciente si y sólo si para cualquier proposición lógica P que es verdadera, S cree P, y S no cree que no ocurre que P.

Ya que la omnisciencia es una propiedad esencial de Dios, y que nunca ha habido un momento en el cual Jesús no posea una naturaleza divina, como cristianos aseguramos que Jesús fue omnisciente incluso durante su estado de humillación terrenal. Es decir, nunca ha habido alguna proposición P verdadera que Jesús no crea, y en ningún momento ha ocurrido que Jesús no crea una proposición P verdadera. Pero así como cualquiera de nosotros cree muchas más proposiciones de las que es consciente en un determinado momento, Cristo no necesita estar consciente de todo su conocimiento en todo momento para ser omnisciente.

Omnisciencia inconsciente

De manera que gran parte del conocimiento divino de Jesús pudo ser subliminal durante su vida terrenal. Después de todo, Jesús adoptó una naturaleza humana además de su naturaleza esencialmente divina, por lo que no es difícil pensar que su estado de conciencia humana funcionara igual que cualquier otra conciencia humana en este sentido.

Usualmente, aunque no siempre, la mayoría de nosotros podemos recuperar la información almacenada en nuestra memoria cuando la necesitamos. Y, si Cristo es el máximo ser concebible que creemos que es, él también pudo haber traído a su consciencia todo lo que sabía. Sin embargo, prescindió de hacerlo en varias ocasiones, por ejemplo en Mateo 24:36. De manera que es perfectamente posible pensar que Jesús hubiera sido capaz de traer a su consciencia todo su conocimiento. Pero ello no implica que necesariamente todo su conocimiento deba ser consciente en todo momento.

Debemos recordar que, para que el ser humano alcanzara la salvación por justicia, era necesario que Dios tratara como pecador al que no cometió pecado (2 Corintios 5:21). Para que Cristo pudiera hacer lo que ningún pecador y ningún animal sacrificado, cargar con la culpa por los pecados del mundo, Él aceptó y adoptó voluntariamente una naturaleza humana, pero con ella aceptó pensar a través de una consciencia humana.

¿Qué hay del Espíritu Santo?

De hecho, queda todavía un pendiente que haríamos bien en explicar. En Mateo 24:36 Jesús afirma que, en cuanto al día y la hora del regreso del hijo del Hombre, nadie lo sabe. ¡Ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre! ¿Acaso Jesús está incluyendo al Espíritu Santo en su afirmación? Pero, si entendemos que el Espíritu ignora el día del regreso de Jesús, ¿qué nos impide interpretar también que, según Mateo 11:27, el Espíritu no conoce al Padre ni al Hijo? ¿Y que, además, el Espíritu Santo ha pecado, de acuerdo con Romanos 3:23?

Pero Pablo no nos permite esta conclusión, pues en 1 Corintios 2:11 escribe que el Espíritu de Dios conoce los pensamientos de Dios. Lo que Jesús está afirmando, pues, es que, así como los sirvientes no conocen los secretos de su señor (ilustración que, de hecho, usa inmediatamente después, en Mateo 24:45-50), ningún ser creado conoce la fecha que Dios ha preparado para su regreso. Esto no lo saben ni los hombres ni los ángeles, que son siervos de Dios. Y tampoco el Hijo, que voluntariamente se somete al Padre en favor de nuestra salvación.

Referencias

La Atalaya. (2009). ¿En qué sentido son uno Jesús y su Padre? Recuperado de: https://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/wp20090901/en-qu%C3%A9-sentido-son-uno-jes%C3%BAs-y-su-padre/

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). ¿Sabe Jesús el día de su venida? Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/sabe-jesus-el-dia-de-su-venida

¿Es el mismo Dios en el Antiguo Testamento y en el Nuevo?

Las enseñanzas que deja cada historia son tan distintas que uno llega a dudarlo. El Dios estricto del AT es implacable. Castiga cualquier ofensa a su nombre o a sus elegidos con la muerte, y nos enseña que debemos retribuir a cada quien según sus obras: ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie. El Dios amante del NT extiende su misericordia hacia todos para rescatarlos de la muerte. Nos enseña a no juzgar, a poner siempre la otra mejilla, a perdonar cualquier ofensa, a amar incluso a nuestros enemigos, y a entregarnos por el prójimo así como su hijo se entregó por nosotros. ¿Podrían dos seres exhibir un carácter más distinto?

Si Dios es un ser perfecto no hay nada que pueda cambiar para ser mejor, y, si algo cambiara en él, lo haría siempre para mal. Si Dios llegara a cambiar de opinión sobre algo, entonces podemos estar seguros que, o antes de ese cambio Dios no era perfecto, o Dios dejó de ser perfecto a partir de ese cambio. Incluso es posible que Dios no hubiera sido perfecto ni antes ni después. Lo que no parece posible es pensar que Dios haya cambiado de opinión y, sin embargo, sea invariablemente perfecto.

¿Cómo explicar, entonces, las diferencias entre el carácter de Dios como se muestra en el AT y en el NT? El Dios del AT es duro e inconmovible. El Dios del NT es tierno y compasivo. La diferencia es ejemplar en la instrucción que el Dios del AT deja a su pueblo de apedrear a las mujeres adúlteras, en comparación con el Dios del NT que defiende a la mujer adúltera de sus acusadores y perdona sus pecados. Si lo correcto era perdonar, no debió ordenar la lapidación en primer lugar.

Es cierto que los autores bíblicos no difieren en su descripción de Dios, pero sus juicios llegan a ser diametralmente opuestos. ¿Cómo puede un Dios perfecto ser tan inconsistente?

La perfección de Dios

Jesús nos deja una clave cuando enseña que Moisés instruyó muchas cosas, por instrucción de Dios, a pesar de que esto no reflejaba la voluntad perfecta de Dios, sino debido a la dureza de corazón de los hombres (Mateo 19:8), que, de otra manera, se hubieran rebelado.

Por supuesto, si Dios es perfecto, no puede cambiar para bien, pues no hay forma de mejorar lo perfecto; y tampoco puede cambiar para mal, pues seguramente aquello que es perfecto es capaz de prevenir cualquier variación perjudicial de su propia naturaleza. Pero es posible que algo cambie de manera neutral con respecto a su valor. Por ejemplo, a las 3 de la tarde de México Dios piensa, correctamente, que son las 3:00 p.m. en México. Pero un minuto más tarde Dios ha dejado de creer que son las 3:00 p.m., y ahora cree que son las 3:01 p.m.

En este sentido, el estado del conocimiento de Dios cambia constantemente, pero no es para bien ni para mal. Dios es tan perfecto al creer que son las 3:00 p.m. cuando son las 3 en punto de la tarde, como lo es al creer que son las 3:01 p.m. cuando pasa un minuto de las 3 de la tarde. Asimismo, Dios estaría equivocado si en este momento creyera que Enrique VIII es rey de Inglaterra, aunque estaba en lo cierto cuando lo creía hace quinientos años; y está en lo cierto el día de hoy si cree que Enrique VIII fue rey de Inglaterra. Es necesario que la conciencia de Dios permita variaciones en el tiempo si ha de conservar su omnisciencia de un mundo cambiante.

Cuando la Biblia afirma que Dios no cambia, se refiere más bien a la inmutabilidad de su voluntad y su carácter (Malaquías 3:6; Santiago 1:17), y de su fidelidad y su propósito para nosotros (Salmos 119:89-90; Hebreos 6:17-18). Naturalmente, puesto que nosotros cambiamos y también las condiciones en que nos encontramos, la voluntad de Dios puede expresarse de distintas maneras. Habrá otros medios que permitan alcanzar su propósito, lo que nos lleva a percibir otros rasgos de su carácter y otras consecuencias de su fidelidad.

Dios en el Antiguo Testamento y en el Nuevo

Dicho esto, es falso que el Dios del AT sea un juez inmisericorde, distinto del Dios amoroso que pasa por alto nuestras faltas. La misericordia de Dios se muestra en el AT en las palabras dichas a Ezequiel: ¿Acaso quiero yo la muerte del impío? ¿No vivirá, si se aparta de sus malos caminos? Yo no quiero la muerte del que muere. ¡Convertíos, pues, y viviréis! (Ezequiel 18:23, 32). Y el diálogo con Jonás es igualmente revelador: ¿No tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda? (Jonás 4:11).

En el NT, la justicia implacable del Dios amoroso se revela en la pasión de Jesús. El castigo debido a nuestros pecados fue ejecutado plenamente en el cuerpo de Jesús, de manera que el hombre tuviera una esperanza sin que el pecado quedara impune. Pero el sacrificio expiatorio no beneficia a quien persiste en su hipocresía, y esto queda bastante claro en el castigo ejemplar que reciben Ananías y Safira (Hechos 5:1-11).

Un breve estudio de caso: La mujer adúltera

Pero un caso de interés especial es el del juicio que Dios delega en el pueblo de Israel y el perdón que Jesús enseña durante su ministerio. Cuando recordamos la historia de la mujer adúltera debemos notar dos cosas. En primer lugar, ambos, la mujer y el hombre adúlteros, debían recibir la misma condena, pero el pueblo trajo únicamente a la mujer delante de Jesús. Esa era una razón importante para anular el juicio, pues de acuerdo con la ley de Moisés, el juicio debe llevarse a cabo con total imparcialidad y suspenderse en caso de inhabilidad por parte de los jueces para garantizar esa condición (Deuteronomio 1:17).

En segundo lugar, en los tiempos de Moisés, el pueblo de Israel tenía el privilegio de ejecutar el juicio de Dios debido a que, habiendo dado oído a la voz de Dios y guardando el pacto (Éxodo 19:5), era tenido por Dios como “un reino de sacerdotes y gente santa” (Deuteronomio 19:6). Por medio de su purificación a través del desierto y del arrepentimiento constante por cada falta que cometían, los israelitas eran testigos de Dios por dondequiera que andaban, y para preservar su estado seguían reglas estrictas con penas severas que ellos mismos podían sancionar. El pueblo debía aprender a mantenerse puro y sin mancha.

Cuando Jesús pregunta quién de los acusadores está sin pecado para arrojar la primera piedra, lo que hace es recordarles que ya no son un pueblo santo, puro y perfecto, y que su autoridad para juzgar y ejecutar condenas ha sido derogada. Si se dispusieran a eliminar el pecado de su gente, todos tendrían que morir. Y debido a esto Jesús perdona a la mujer adúltera. Teniendo la intención de salvar muchas almas, Jesús no podía iniciar el juicio contra una sola mujer sin terminar condenando al pueblo entero. En aquella ocasión Jesús mostró compasión por la mujer y por todo su pueblo. A fin de cuentas, el castigo por los pecados de la mujer adúltera y de sus acusadores los llevaría igualmente sobre sí mismo en la cruz.

No es verdad, por lo tanto, que el Dios del AT sea más severo o que el Dios del NT sea más complaciente. Dios es perfecta justicia y perfecta misericordia. Tal era el mensaje de Jesús, quien no veía contradicción alguna entre las enseñanzas de Moisés y los profetas y sus propias enseñanzas, basadas en el amor a Dios sobre todas las cosas y el amor al prójimo como a uno mismo.

Referencias

Got Questions Ministries. ¿Por qué Dios en el Antiguo Testamento es tan diferente al que es en el Nuevo Testamento? Recuperado de: https://www.gotquestions.org/espanol/dios-diferente.html

Citación sugerida

Olvera Ventura, A. (2017). ¿Es el mismo Dios en el Antiguo Testamento y en el Nuevo? Recuperado de: http://www.torcacita.com/blog/dios-en-el-antiguo-testamento-y-en-el-nuevo