¿Por qué no se come carne en cuaresma?

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Aunque la mayoría está de acuerdo en que las fechas de cuaresma exigen su conmemoración con una práctica especial, no resulta igual de sencillo ponerse de acuerdo en la justificación teológica para ello. Lo que es cierto es que la abstinencia es para los creyentes un símbolo que los ayuda a sentirse más unidos a Jesús.

Para algunos, la carne roja representa el cuerpo crucificado de Jesús, y por respeto a su sacrificio la evitan durante las vísperas del viacrucis. Por otra parte, el pan consagrado también representa el cuerpo crucificado de Jesús, y es precisamente por esa razón que se celebra la eucaristía.

Otros suponen que era el alimento preferido de Jesús, citando pasajes como la multiplicación de los panes y los peces, y aquella ocasión en la que Jesús resucitado preguntó a sus discípulos si habían pescado algo, como sustento bíblico. Así, estarían comiendo su plato favorito en su honor. Aunque esto difícilmente podría constituirse en una obligación para los cristianos, a menos que el estilo de vida indicado contemple también usar ropa y calzado semejantes a los de Jesús (como lo entendió para sí mismo y para los de su orden Francisco de Asís, luego de meditar en Lucas 10:4). Leer más

Las últimas 5 lecciones de Jesús antes de morir

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Jesús de Nazaret era una persona excepcionalmente eficiente, que aprovechaba cada oportunidad para avanzar un paso más hacia su objetivo. Desde una tranquila conversación junto al pozo hasta el mayor contratiempo en una gran boda, Jesús enseñaba con parábolas y con el ejemplo lo que significa seguir a Cristo y alcanzar el Reino.

El día de hoy recordamos su muerte en la cruz, y es momento de reflexionar en las últimas cinco lecciones del maestro. Éstas emergen de cinco situaciones que se presentaron en sus últimas horas de sufrimiento, y que Jesús no desaprovechó para mostrarnos el camino, la verdad y la vida.

5. Mujer, he ahí tu hijo.

Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa (Juan 19:26-27).

La vida de una mujer viuda no es fácil, especialmente si no tiene hijos que la ayuden. Y en Palestina del siglo I, acaso fuera peor. Por eso Moisés había dejado instrucciones a su pueblo que especificaban la forma en que la comunidad entera debía procurar el bienestar de huérfanos, extranjeros y viudas (por ejemplo, Deuteronomio 24:17-22). Pero, al igual que ocurre en nuestros días, la mayoría no se interesaba mucho por el cumplimiento de las leyes destinadas a la protección de los más desamparados. Leer más

¿Es racional ser cristiano?

Alvin Plantinga es uno de los filósofos más importantes de los últimos cien años. Autor de God and Other Minds (1967), The Nature of Necessity (1974) y Warranted Christian Belief (2000), su obra ha tenido tal influencia en las áreas de la metafísica, la epistemología y la filosofía de la religión, que es justo decir que, junto a C. S. Lewis y G. K. Chesterton, es responsable de la forma que ha adoptado la apologética contemporánea.

En este breve video se resume su postura de que cualquiera que se proponga señalar al cristianismo como una creencia irracional está obligado a refutarlo. De lo contrario, debe admitir la posibilidad de que el cristianismo sea, después de todo, perfectamente racional.

El argumento histórico (o de la resurrección de Jesús de Nazaret)

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El cristianismo tiene su fundamento en la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. En esto Jesús se distingue del resto de líderes políticos y religiosos. La esperanza del cristiano no está puesta en la vida de Jesús, aunque fue ciertamente una vida virtuosa, o en sus obras, aunque fueron ciertamente dignas de admiración, sino en su muerte, y su resurrección al tercer día.

En la actualidad la persona de Jesús de Nazaret está tan envuelta en misticismo, separada de nuestra cultura por casi dos mil años de revoluciones políticas, científicas y artísticas, que puede ser difícil apreciarla a un nivel personal. Es por eso que la mayoría de la gente piensa que lo que de él se enseña es algo que los cristianos deben creer simplemente por fe, sin evidencia. Pero, de hecho, contamos con evidencia histórica que la gran mayoría de los historiadores, salvo los más radicales, admite como válida. Esta evidencia consiste en los testimonios legados por sus discípulos y recopilados en lo que solemos llamar Nuevo Testamento.

Para el cristiano, la Biblia es la palabra inspirada, infalible e inerrante de Dios, comunicada a nosotros a través de sus siervos los profetas. Pero para el incrédulo, la Biblia es una compilación de fábulas editadas por una institución social que ha buscado someter al pueblo y perpetuar su influencia política. Esta es la realidad. Y ya que, tristemente, hay razones históricas para sostener esta percepción de la iglesia, no puedo culpar al incrédulo por aferrarse a ella.

De manera que, en lo que sigue, trataré los escritos bíblicos como eso en lo que todos podemos estar de acuerdo: una colección de documentos escritos por personas que conocieron de cerca de Jesús.

Cierto, es posible que estos personajes, siendo cercanos a Jesús, exageraran o maquillaran algunos eventos. Admitiré por ahora esta posibilidad. Las personas tienden a matizar sus relatos para favorecerse ante su interlocutor, para persuadirlo de alguna idea o simplemente para captar su atención, y con frecuencia también olvidan detalles. Pero, repito, debemos aceptar al menos el hecho de que los autores neotestamentarios estaban bien informados acerca de los eventos que comentaron. Ellos sabían si lo que escribían era un reporte fidedigno de lo que atestiguaron o no, independientemente de su motivación para mentir o decir la verdad. Leer más

El argumento ético (o de la existencia de valores morales objetivos)

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En el clímax moral de Las aventuras de Huckleberry Finn, Huck recuerda las lecciones que recibió en la escuela dominical, acerca de lo que ocurre con personas que hacen lo que él había estado haciendo: ayudar a un esclavo a escapar de su amo. La gente que actúa así, se repite a sí mismo, termina irremediablemente en el infierno. Huck está genuinamente convencido de que ha cometido un grave pecado y, temiendo que su error lo condene a un castigo eterno a menos que se arrepienta y repare el daño causado, decide escribir una carta a la dueña del negro Jim, revelándole la forma en que pudiera recuperar a su esclavo. Pero, al recordar el cariño y la consideración que Jim le había mostrado durante su viaje, y cómo lo consideraba su único amigo, exclamó “¡Pues vale, iré al infierno!”.

“Eran ideas y palabras terribles, pero ya estaba hecho. Así lo dejé, y no volví a pensar más en lo de reformarme. Me lo quité todo de la cabeza y dije que volvería a ser malo, que era lo mío, porque así me habían criado, y que lo otro no me iba. Para empezar, iba a hacer lo necesario para sacar a Jim de la esclavitud, y, si se me ocurría algo peor, también lo haría, porque una vez metidos en ello, igual daba ocho que ochenta.”

Al meditar en todo el mal, toda la injusticia de la que somos testigos, mucha gente se convence de que, aun si Dios revelara ante ellos su existencia más allá de toda duda, le darían la espalda a quien, teniendo el poder para impedirlo, permite el sufrimiento de millones de personas inocentes en medio de guerras, catástrofes naturales, enfermedades y crímenes atroces.

Pero hemos de hacernos una pregunta fundamental antes de tomar esa decisión. ¿Se puede ser bueno sin Dios? A primera instancia la pregunta pudiera parecer tan obvia que el sólo hecho de enunciarla indignaría al crítico de cualquier fe teísta. Incluso los cristianos, que encontramos en Dios la motivación y el aliento que nos ayuda a conducir nuestras vidas con amor, seríamos arrogantes e ignorantes si negáramos que los incrédulos, ya sean agnósticos o ateos, pueden vivir de acuerdo con principios morales que, con frecuencia, resultan dignos de imitar. Huckleberry Finn creía actuar moralmente en contra de la voluntad de Dios al ayudar a su amigo a escapar de sus opresores. ¡Esto significaría que se puede ser bueno incluso en contra de Dios!

Sin embargo, la pregunta que debe hacernos reflexionar no es ¿se puede ser bueno sin creer en Dios? O ¿se puede ser bueno sin seguir a Dios? La pregunta es ¿se puede ser bueno sin Dios? Al hacer esta pregunta, inquirimos la naturaleza misma de los valores morales. ¿Son los valores que guían nuestras vidas meras convenciones sociales, como el saludar con la mano derecha en vez de la izquierda? ¿Son acaso expresiones de un gusto adquirido, como el que desarrollamos por ciertas comidas según la región geográfica en la que hemos crecido? ¿O son realmente válidos y vinculantes, independientes de nuestra opinión y de nuestro contexto histórico? Y, si son objetivos en este sentido, ¿cuál es su fundamento? Leer más

El argumento cosmológico kalam (o de la contingencia del universo)

En su edición del 8 de abril de 1966, la revista norteamericana Time lució una portada que sacudió al mundo. Por primera vez en la historia de la revista, su portada no mostraba la fotografía de un líder político o artista, ni imágenes de ningún otro tipo, sino únicamente tres palabras: ¿Está muerto Dios? En su artículo principal, la publicación abordaba el papel cada vez menor que el concepto de Dios juega en una sociedad cada vez más secular, mientras describía los problemas teológicos modernos y la suficiencia de la ciencia para explicar el mundo natural y nuestras experiencias diarias.

Pero apenas tres años después los editores reconocieron cuán prematura había resultado esa conclusión. Una nueva portada anunciaba una nueva edición con una idea diametralmente opuesta: ¿Está Dios volviendo a la vida?

Time reconocía ahora el creciente interés en la intersección de la filosofía, la ciencia y la teología. En numerosas y prestigiadas revistas académicas de la talla de Nature, el British Journal for the Philosophy of Science y Astrophysics and Space Science, se inició un diálogo acerca de temas filosóficos desde la evidencia científica más reciente con implicaciones teológicas.

Ésta era, de hecho, la continuación de un diálogo de gran tradición histórica. Una impresionante constelación de notables pensadores, como Al- Ghazali, Avicenna, Tomás de Aquino, Gottfried Leibniz y René Descartes, entre muchos otros, han defendido la necesidad de Dios para entender una diversidad de fenómenos, incluyendo la existencia misma del universo. Cualquiera puede, como ellos, hacerse la pregunta más trascendental de todas: ¿por qué existe el universo en vez de nada? Leer más

Reportan nueva evidencia de evolución biológica… ¿o de otra cosa?

Un artículo, publicado en la revista Science el pasado mes de noviembre, reporta nueva evidencia que afianzaría aún más la teoría de la evolución biológica. Pero con implicaciones distintas a las que Darwin anticipó en la década de 1830.

Un grupo de investigadores de las universidades de Princeton y Uppsala han estado siguiendo la pista de una nueva especie de pinzones en las islas Galápagos. Esto resulta fascinante porque, además de contribuir a nuestro entendimiento de la naturaleza, el estudio de los pinzones en las islas Galápagos fue precisamente uno de los elementos clave en la formulación de la teoría evolutiva fundamentada en la selección natural. Leer más

¿Celebramos fiestas paganas?

Apenas el mes pasado escuchaba la historia del mole poblano, ese platillo típico mexicano, creado durante la época colonial con el propósito de complacer y honrar al virrey de la Nueva España. Mientras escuchaba la historia del mole me puse a pensar cómo, cuando se sirve en una boda o un cumpleaños, nadie cree que esto tenga una connotación política o filosófica. Es sólo mole. Algo sabroso para comer. Y eso me hizo pensar en esta controversial pregunta. Leer más